Una surfera prodigio

Esperanza Rojas, con sólo 12 años, ya ha vivido un Mundial sobre una tabla. El caso de mayor precocidad femenina en la historia de esta competición. Aquí la breve, pero incipiente carrera de esta deportista evangélica.


Esperanza Rojas aún está en enseñanza media, en el iquiqueño Eagles College. Odia el ramo de ciencias, pero recibe felicitaciones públicas por parte de la dirección del establecimiento, y en privado, de sus compañeros.

La joya nortina, con apenas 12 años, ya registra una participación en un mundial. La chica consiguió el cupo a la cita de Japón, ganando el selectivo desarrollado a fines de julio, en Arica, derrotando a competidoras de 18 años, brecha etaria que no fue inconveniente para la raider.

A fines de septiembre exhibió su talento en Asia: consiguió avanzar dos rondas en el repechaje, pero cayó finalmente en la siguiente fase.

Después de su exitoso triunfo en el selectivo, convenció al head coach de la selección junior, Francisco Véliz, quien se tomaba por sorpresa el gran nivel de Rojas. Tuvo que nominarla y ella no lo podía creer: “Me lo tomé por sorpresa, porque pensé que ocurriría más adelante. Fue una sensación de alegría, porque no lo esperaba”, asegura Esperanza. con tono seguro, como si de una mayor se tratara.

Véliz, por otra parte, pone sus fichas en Rojas, a quien ve como una deportista de élite: “Estamos tratando de invertir en logros a largo plazo. Además ella cumple con todos los criterios: tiene buenos desempeños físicos y técnicos. Es una chica muy aplicada, con buena disposición y esos aspectos son claves para ir creando a un deportista de alto rendimiento”.

Una virtud que sorprende es su carácter competitivo. Su madre cuenta que Esperanza no pierde absolutamente en nada. Y en la intimidad, su familia pasa a ser su rival: “En la casa quiere ganar en todo. Cuando jugamos cartas o dominó, quiere ganar. Es muy natural de ella la actitud competidora”.

En su colegio, es toda una estrella. Esperanza cuenta que sus compañeros la felicitan en privado y que, públicamente, directivos también. “Estoy feliz que lo hagan, pero estoy tranquila, no me siento distinta al resto. Seguiré entrenando como lo vengo haciendo hasta ahora”, asegura.

El rasgo distinto que tiene frente a los competidores de su edad es la mentalidad. Y se nota al momento de conversar. Tiene todo muy claro y transmite seguridad. “Esperanza es una ganadora, ha sorteado un filtro de más de 500 niños que, durante todos estos años, hemos atendido en las escuelas de surf. Desde el primer día, se veía una niña diferente. Su disciplina, enfoque, actitud y, sobre todo, sus fortalezas emocionales y mentales, marcan la diferencia. En cada derrota, ella busca una oportunidad”, cuenta Nicolás Guajardo, su entrenador desde los siete años.

En octubre de 2016, la raider se coronó en el torneo Sub 16 de Iquique, título que hasta hoy, la tiene como vigente monarca de la zona en la categoría. “Fue muy importante para mí, porque me abrió muchas puertas. Por ejemplo, yo donde voy digo que soy la actual campeona y me ayudan. Al momento de pedir becas, me ha servido”, cuenta.

Esperanza tiene la religión evangélica impregnada. Su padre es ingeniero civil industrial, pero también predicador oficial de la Iglesia Pentecostal de Iquique. Y ella se contagia de esa devoción por Dios asistiendo los domingos al lugar. “Me gusta ir con mis papás, porque la Iglesia me ha ayudado mucho a tener soluciones para los problemas de la vida. Uno siempre tiene problemas, pero tienes que saber cómo resolverlos”, explica con madurez.

Antes de cada competencia, Esperanza ora y se encomienda a Dios. “Le pido que me vaya bien, que no me pase nada, ningún accidente. Y también que pueda pasar la manga sin problemas. Que sea su voluntad lo que pase”, cuenta la niña de 12 años.

Con la religión y un mundial en sus hombros, el surf chileno tiene con quien soñar.

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