Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

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Un Charles en Colo Colo

Autor: Chomsky


Llegó al club a los 11 años, hizo todas las divisiones, tercera infantil, segunda, primera, juvenil, intermedia y cuarta especial hasta subir al primer equipo. Charles Hugo Villarroel Jara nació el 10 de julio de 1930 en Santiago (cumplió 86 años). Medía 1,70 metros y pesaba 64 kilos. “Mi ídolo fue el peruano César Socarraz, del Colo Colo 1941 campeón invicto. Yo jugaba de insider izquierdo, con el 10 en la espalda, pero era mejor defendiendo en la línea media, con el 5. Marcaba bien y tenía chute para el pase largo a los delanteros”.

Su estreno fue ante Santiago Morning y le iba a tocar marcar a su vecino: Enrique Hormazábal. “Yo era del barrio Herrera y Yungay, y él de Libertad. En la semana previa, Cua-Cuá Hormazábal me aconsejó que le dijera al entrenador que no me acostumbraba a la izquierda y que me cambiara a la derecha. Entonces, el Huaso Osvaldo Sáez actuó en la izquierda y él marcó a Hormazábal…

Ganamos 1-0, con gol de Manuel Muñoz faltando un minuto (septiembre de 1951)”.

El comentarista Julio Martínez se extrañó que hubiera un Charles en Colo Colo, el equipo popular. “Todo se debió a un padrino medio artista que dijo que Carlos había muchos, y que mejor me bautizaran Charles”.

El debut internacional ocurrió frente al Sevilla de España. “En el camarín se indispuso Manuel Muñoz, quien no paraba de vomitar. El arquero Misael Escuti le dijo al entrenador argentino José Luis Boffi: ‘Ponga al cabro’. Hasta mi padre se sorprendió al verme con el 10 en la espalda: ganamos 2-1 (agosto de 1952)”.

En 1953, Charles Villarroel integró el Colo Colo campeón: “Los hermanos Robledo fueron una revolución y cambiaron la mentalidad del futbolista chileno. Como personas, extraordinarios”.
En 1955, fue a préstamo a O’Higgins. “En Rancagua volví a compartir con el goleador Guillermo Villarroel, de Colo Colo, pero no éramos parientes”.

En 1956 retornó a los albos y dio la vuelta olímpica. “El entrenador fue el uruguayo Enrique Fernández, el mejor que conocí. Cuando llegó reunió al plantel y le leyó la cartilla: ‘Yo no vengo a robar, tengo un prestigio. El que quiera chupar que lo haga, el que quiera putear también, pero el domingo el que no vuela, no juega’. Ese año fui titular con el Mono Rogelio Núñez en la línea media. Imagínese los jugadores que teníamos arriba: Mario Moreno, Enrique Hormazábal, Jorge Robledo, Atilio Cremaschi o Manuel Muñoz y Jaime Ramírez”.

Estuvo en Colo Colo hasta 1958. Al año siguiente fue a Ñublense, segunda división, “recién casado, duré medio año”. En 1961, con Fatucén fue campeón del Regional Zona Central. En 1962 hizo el curso de entrenador con Fernando Riera y el francés Gabriel Hanot. “Dirigí las divisiones inferiores de Colo Colo durante 10 años. Después viajé a Centroamérica y allá fui entrenador siete años”.

“¿Una anécdota? En 1956, Jaime Ramírez venía desde España y actuaba de wing izquierdo. Era muy rápido, eludía a su marcador y centraba para Robledo. El uruguayo Fernández le dijo que al driblear hacía lento el juego y que eso perjudicaba al equipo, que utilizara la velocidad de Hormazábal. Todos lo quedamos mirando. Señaló que Hormazábal tenía más velocidad de fútbol, no de atletismo, que Ramírez y nos apostó una cena en el Pollo Dorado para 15 personas. Le pasó el cronómetro a Caupolicán Peña y le indicó que le tomara el tiempo a Ramírez, quien partía en la mitad de la cancha, desbordaba y lanzaba el centro para Robledo: total, 14 segundos, por ejemplo. Hormazábal metía el pelotazo desde 30 metros y le dejaba la pelota en el pecho a Robledo: total, seis segundos”.

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