Ultraman es vegano

Bruno Maggio, primer chileno en un Mundial de la distancia extrema, que se debe cubrir en tres días: 10 mil metros de natación, 420 kilómetros de ciclismo más dos maratones.


¿Qué le parece un fin de semana en Hawai? Eso sí, el primer día hay que nadar 10 mil metros por el mar y luego realizar 145 kilómetros de ciclismo. En la segunda jornada, otra vez a la bicicleta para hacer 275 mil metros más. El fin de semana se cierra con -no uno- sino dos maratones. Es el llamado Ultraman, un paso adelante del ya extenuante Ironman.

¿Quién querría hacer una cosa como esa? Muchos. Incluso, intentan clasificar al Mundial de la especialidad. Un solo chileno, Bruno Maggio, ha podido hacerlo y jugará su suerte desde mañana en la citada competencia en Hawai.

¿Quién es Bruno? Un ingeniero civil industrial de 37 años, consultor de empresas de 9 a 6. En la hora de almuerzo hace gimnasio; de 6.30 a 8, natación; y después rodillo o trote. Sábado en la mañana pedalea y el domingo hace más ciclismo y trote.

¿Cómo partió en triatlones? Tras incursionar en una decena de deportes, Maggio, ya crecido, fue invitado por un familiar a la actividad y decidió unirse al team de triatleta Matías Brain. “Un día mi papá me dijo que el triatlón es el deporte más duro, eso causó que quisiera vencer este desafío. Eso fue hace cuatro años”.

¿Qué es un Ultraman? Una prueba de tres días cuya dificultad aumenta con las corrientes marinas, la altimetría, el calor, el viento y la soledad. Sólo se acepta a 40 seleccionados por resultados durante el año en la distancia.

Y, por primera vez, surge la pregunta: ¿qué lo lleva a hacer una locura como esta? Dice, aún en Santiago, en medio de sus entrenamientos, que le llaman la atención los desafíos y que “las competencias que yo quiero hacer son las que ningún chileno ha realizado. Me llaman la atención el Brutal, en Inglaterra, que son las mismas distancias, pero de una, sin parar; y el Epic 5, que es hacer cinco Ironman en cinco días”.

¿Sufre? Harto. De hecho, en el Ultraman en que clasificó al Mundial, en Orlando, llegó en malas condiciones a la meta. “Cuando uno empieza el ciclismo ya está todo mareado. Será porque uno mueve la cabeza nadando por tres horas. Eran aguas dulces, donde, decían, que había caimanes. Y con el estómago revuelto. El primer día no se siente bien. Después de terminar, en la noche, gritaba de dolor, no podía dormir”.

Pero le gusta. Las distancias cortas no le agradan, dice que “el corazón te queda acá”, indicándose la garganta, “con ganas de vomitar. En el Ultraman hay que ir controlado, si no, uno se funde”.

¿Es posible aumentar la dificultad de todo este asunto? Lo es. Maggio decidió hace un tiempo ser vegano y presentarse en la exigente competencia para demostrar que una persona que no come carne ni ningún derivado animal puede finalizarla. “Yo comía muy mal, trabajo en el centro y comía en cualquier parte. Me sentía con sueño, pesado y en la tarde no tenía ganas de entrenar. Así me hice vegetariano y me sentía muy bien. Ahora como en restoranes naturistas… en general solo”.

¿Es difícil ser un deportista extremo vegano? “No -contesta Maggio-, lo realmente duro fue cuando me hice crudivegano, hace dos años”.

¿Crudivegano? Comer sólo verduras y crudas. “Trabajo con un nutricionista, él ve todo”, señala, pero el plan lo detuvo Brain: “Me dijo: ‘Estás muy flaco y así no puedes competir’, así que lo dejé, pero volveré. Todo esto tiene un poco de rebeldía también, porque la gente, mi familia, duda de que puedas lograrlo”, explica. Incluso un coach lo dejó. Maggio espera ser crudovegano cuando vaya al Ironman de Sudáfrica 2018.

¿Mucha soledad? Ni tanta, porque en competencias de esta magnitud, el deportista debe ir siempre acompañado por alguien, en kayak, primero, y después en auto. En su caso, es su polola quien hizo esa labor en Orlando. No está de más aclarar que todo el gasto sale del bolsillo de Maggio.

¿Basta con llegar a la meta? Como toda competencia de largo aliento es la idea. De hecho, ni siquiera hay podio, pero Maggio quiere “estar dentro de los 10 primeros”.

¿Tiene demasiadas preguntas esta presentación? Tal vez. Pero la duda respecto de por qué un ciudadano decide presentarse en un Ultraman, por decisión propia, sigue siendo una incógnita.

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