Tres chilenos en el otro Barça

Los catalanes, que brillaron en los 50 en el medio español, quieren volver a reinar en el rugby. Y para lograrlo, recurrieron a los hermanos Earving y Franco Velarde, y al experimentado Francisco de la Fuente. Se trata del ambicioso proyecto del Barça, el club hispano que más y mejor se reforzó esta temporada.


La cancha de entrenamiento del Barcelona está lejos del centro, de las Ramblas, la Sagrada Familia, incluso del Camp Nou. La Teixonera, así se llama el barrio y también el complejo, queda en la parte alta de la ciudad y hoy resiste apenas la primera gran lluvia de otoño. El agua cae fuerte y en diagonal, hay demasiado viento. Y aunque el pasto es sintético, en el suelo se forman posas. Los jugadores del Barça llegan de a poco, casi todos corriendo, y entran en uno de los contenedores que hacen de camarín. Vienen de la estación de metro Vall d’Hebrón, a unos dos o tres minutos caminando, suficiente para que antes de equiparse ya estén mojados de pies a cabeza. Así llegan, a pie, cada uno por su cuenta. Son seres humanos anónimos, usuarios del transporte público, y ninguno recibe un Audi de regalo cada año por publicidad. Aun así, en la camiseta de este equipo de rugbi (con i latina), que brilló en los años cincuenta y hoy vive un especie de resurrección, se sigue distinguiendo el escudo del FC Barcelona. Y ésa es su mejor presentación.

Falta todavía casi una hora para que empiece el entrenamiento y de entre los jugadores, que son 45, se separan tres chilenos. Son los hermanos Earving y Franco Velarde, y Francisco de la Fuente. Llegaron a Barcelona hace poco más de un mes y encabezan el proyecto de reformación del club catalán, el equipo español que más fichajes hizo para esta temporada. Además de ellos, llegaron otros diez jugadores, incluido el argentino ex Puma Martín García, catalogado por la prensa catalana como la piedra angular del nuevo Barça.

Earving tiene 24 años y Franco 22. La anatomía del hermano mayor se construye en base a 179 centímetros sumamente estilizados y 91 kilos; la del menor, por 186 centímetros (igualmente estilizados) y 97 kilos. Nacieron en Viña del Mar, se iniciaron como rugbistas en el colegio Saint Peter’s, y en plena adolescencia, emulando a los hermanos Milito de Avellaneda, fútbol, se convirtieron en rivales: Earving se unió a las inferiores del Sporting Rugby Club, mientras que Franco fichó por el Viña Rugby, dos equipos protagonistas del segundo clásico en importancia de la Quinta Región. De ahí, el camino ascendente: ambos pasando por casi todas las selecciones menores y un Sudamericano juvenil en el currículum de Franco. En 2013, con 19 y 17 años, todavía rugbistas precoces, partieron a Nueva Zelanda para entrenar con el Zingari Richmond, un club que compite en el torneo regional de Otago, al sur de la isla. Estuvieron cuatro meses, sólo en la pretemporada, y alcanzaron a jugar algunos partidos de preparación. “Lo tomamos como un período de aprendizaje. Se notaba la diferencia, sobre todo por el tema físico. Estuvimos con samoanos, con franceses, nos sirvió mucho para aprender”, dice Earving.

De vuelta en Chile, se consolidaron en primera división y ambos pasaron a ser nombres habituales en Los Cóndores: Earving, en el equipo de Seven, y Franco, en XV. Cuatro años más tarde, ficharían por el Barcelona.

La trayectoria de Francisco de la Fuente (29 años, 182 centímetros, 95 kilos y barba elegante) es más extensa. Nació en Lota pero se inició en el rugby en Los Perros de Copiapó, un club de nombre aguerrido. Con la selección juvenil jugó tres mundiales (Irlanda, Dubai y Chile) y, después de una temporada en los Old Macks de Viña, partió a jugar a Nueva Zelanda con su hermano Sergio. Un año en Oceanía, el regreso a Chile, después Madrid y en 2010, su aterrizaje en el Auch Gers de la ProD2 francesa (la segunda división de la liga más competitiva del planeta), con el que firmó su primer contrato profesional. Al año siguiente, sería elegido como el mejor rugbista chileno por el Círculo de Periodistas Deportivo y luego vestiría otras dos camisetas francesas (FC Lourdes y Stage Bagnerais, de la máxima categoría amateur), consolidándose como uno de los jugadores nacionales más exitosos en el extranjero. En agosto de este año, después de siete temporadas en Francia, se convertiría en culé.

Cuando los hermanos Velarde ficharon por los azulgrana, un medio catalán escribió: “Dupla de cóndores para el Barcelona, que este año no se va a conformar con luchar por la permanencia”. Dos días antes, otro medio había anunciado la llegada del argentino Martín García, ex seleccionado con los Pumas y jugador del Vannes, de la ProD2, anticipando lo que vendría luego: una serie de contrataciones inéditas para un club superpoderoso en el fútbol, pero que hace apenas tres años volvió a la división de honor en el rugby. A los Velarde y García se sumaría luego Francisco de la Fuente y otros nueve refuerzos, entre catalanes y extranjeros.

“Le habíamos comentado a Ricardo Cortés que nos queríamos ir a jugar afuera y él habló directamente con el entrenador del Barcelona (Tomy García). Tuvimos que hacer el currículum deportivo y mandar videos. Y en base a eso nos dijeron que nos viniéramos”, dice Franco Velarde. Firmaron un contrato semiprofesional, que incluye una compensación económica a final de temporada. Y en paralelo estudian marketing deportivo en el Instituto Johan Cruyff.

La llegada de De la Fuente se produjo así: “Ya había cumplido un ciclo en Francia, quería cambiar un poco de aire y ver otra cosa. Además coincidió que mi novia se vino a estudiar a Barcelona y justo hablé con Franco en la selección, que ellos se venían. Así que ahí pensé en venirme yo también”.

Si se separara a los equipos de la primera división española en base a su poder económico, el Barcelona no estaría en el primer tramo. Aunque tampoco en el último. Probablemente calificaría como equipo de segundo orden, aspirante a dar una sorpresa, quizás. De hecho ése es el objetivo: ésta será la primera temporada completa de Tomy García como entrenador y el proyecto, que se inició oficialmente con los fichajes de García y los Velarde, es a tres años. En ese plazo, creen en el club catalán, deberían afianzarse entre los candidatos al título. Como lo fue en los 40 y, sobre todo, los 50.

“Aquí hay equipos 100% profesionales, como los tres primeros. Luego venimos nosotros, los semiprofesionales, y la diferencia se nota mucho. Pero incluso así, somos la rama amateur de una institución enorme. Tenemos las mismas regalías que el equipo de fútbol, el equipamiento, los viajes, los hoteles. Mira lo que es, tiene al mejor futbolista del mundo. Es un peso grande, pero positivo, sobre nosotros”, dice de la Fuente. Y pone el caso de Earving, que se lesionó el codo durante la pretemporada e hizo la recuperación en el centro Joan Gamper, con los mismos médicos y kinesiólogos del plantel de fútbol.

Hasta ahora, con ocho fechas jugadas, el Barcelona marcha séptimo: cuatro triunfos y cuatro derrotas, que lo tienen lejos del tercer lugar que ocupó hasta la sexta jornada. De los tres, Franco ha tenido el papel más estelar, siendo titular en seis partidos y acumulando casi el 75% de los minutos. De la Fuente, en tanto, suma cuatro juegos como titular y uno entrando desde la banca; mientras que Earving aún no ha podido debutar oficialmente por su lesión, aunque ya recibió el alta y ayer, en la derrota de su equipo ante el Santboiana, fue por primera vez a la banca.

Los tres coinciden en que llegaron al Barça en un momento bisagra, en el punto exacto en que el rugbi culé puede vivir su despegue definitivo. Lo explica Francisco: “El rugby español está creciendo, se están jugando un puesto para ir al Mundial. El Barcelona está en un período de transición: en cualquier momento dice ‘ya, nos hacemos profesionales, nos pegamos el salto”. Y quieren seguir aquí para cuando eso suceda.

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