El tercer tiempo de Salas

Mario Salas, el técnico de Universidad Católica. Foto: Photosport

De artífice del primer bicampeonato de la UC a chivo expiatorio de todos los males de su equipo. De caballero cruzado a técnico desdeñado por sus jefes y vilipendiado por sus hinchas. De potencial seleccionador a DT del montón. De Comandante a soldado raso en la rampa de salida. La ruta del cielo al infierno en menos de 365 días.


Cuesta esfuerzo determinar cuál fue el momento exacto en que el Comandante perdió su capacidad de liderazgo al interior del camarín. No es sencillo tampoco establecer el instante preciso en que la hinchada cruzada (si es que en algún momento estuvo realmente alineada con el entrenador) dejó de creer en su DT. Ni mucho menos discernir cuándo el discurso del estratega, inalterable, por cierto, desde su llegada a la precordillera el 18 de diciembre de 2014, dejó de resultar efectivo para tornarse, en opinión de muchos, directamente exasperante.

Lo único que no ofrece lugar a dudas, ni se presta tampoco a demasiadas interpretaciones, es que el sábado 4 de noviembre, en el último encuentro de Universidad Católica como local en el Transición, ante San Luis, San Carlos dijo basta. Y expresó su descontento coreando al unísono desde las cuatro tribunas del estadio un cántico tan inequívoco como demoledor: “No jugamos a nada, que se vaya Mario Salas”. Habían transcurrido exactamente 331 días desde la tarde del bicampeonato. “No me afectan los cánticos. La gente tiene derecho a expresarse. Me parece justificado. Es una especie de catarsis a lo que sucede en Católica en este momento, pero yo no me voy a cansar, no me voy a rendir”, proclamaba, sin embargo, en la conferencia de prensa posterior al partido, el propio entrenador.

Un técnico nacido el 11 de octubre de 1967 en la Clínica Miraflores de Viña del Mar; criado en un condominio de la Villa Vergara; formado, como estudiante y como deportista, en el Colegio Mackay; y dotado desde su infancia de una capacidad de mando fuera de toda duda. Seleccionado nacional de rugby en el Sudamericano Juvenil de Mendoza de 1986 -ocupando la posición de fullback-, fue un connotado goleador evertoniano, René Meléndez, el que lo incitó a convertirse en futbolista; y un desconocido empresario antofagastino formado en el INAF, Armando Cordero, el que le entregó las riendas como entrenador de su primer equipo, Barnechea, en el año 2009. “No tengo duda de que la mayor virtud de Mario es que es un trabajador de innegable dedicación. Estaba completamente verde cuando lo conocí, y aunque perdimos tres definiciones durante su estadía en el club, él tuvo mucho que ver en el desarrollo de Barnechea”, comienza a relatar, en conversación con La Tercera, el propio presidente del cuadro huaicochero.

Un conjunto en el que Mario Salas comenzó a saborear muy pronto los aromas, casi entremezclados, del fracaso y del éxito, ascendiendo primero al equipo a Primera B (por primera vez en su historia) y dilapidando después hasta tres opciones de alcanzar la élite.

Sucedió en 2012, meses antes de convertirse, casi por sorpresa, en el técnico de la selección chilena Sub 20 (y de su última gran generación) a la que logró clasificar al Mundial, pero con la que volvió a ver frustrada su consolidación definitiva luego de la ingrata eliminación sufrida por el equipo en los cuartos de final del torneo.

“Mario Salas es uno de los mejores técnicos que tuve en mi carrera. Muy profesional, estructurado y cercano al jugador. Muy temperamental, eso sí, muy drástico, pero porque es una persona exigente. Su metodología le dio un bicampeonato a Católica y si no cuidan lo que tienen es a lo mejor porque Católica no está acostumbrada a triunfos”, manifiesta, con contudencia, Nelson San Martín, discípulo del Comandante en Barnechea.

El peso del Bi

Sabía perfectamente Mario Alfredo Salas Saieg (50) dónde se metía el día en que, tras firmar una notable temporada como entrenador de Huachipato, decidió estampar su firma como nuevo técnico de Universidad Católica. Sabía lo que quería y también lo que esperaba. “Para nosotros es muy importante ganar, pero más importante es el cómo se gana. Para el hincha la alegría va a ser proporcional a la cantidad de triunfos. Mientras más se gane, más felices estarán los hinchas”, había llegado a sentenciar incluso el día de su presentación como adiestrador del cuadro de Las Condes.

Pero las cosas no arrancaron según lo previsto en un un Clausura 2015 en que la UC apenas alcanzó a ser cuarto, pese a llegar a la penúltima fecha como el único equipo capaz de pelearle el título al sorprendente Cobresal (farra incluida en San Carlos para dejar escapar un 3-0 que tenía en el bolsillo ante Iquique); ni en un segundo torneo que tiró directamente a la basura en la última fecha y que terminó ganando Colo Colo sin jugar el día en que perdió todo el fútbol chileno con aquel infame desenlace de Valparaíso. Y las críticas, claro, no se hicieron esperar.

“Lo que pasa es que el hincha de la Católica es especial. Yo viví también algo similar y creo que no corresponde cómo están tratando a Mario en este momento”, explica Mario Lepe, todo un símbolo cruzado, en relación a la exigencia de la fanaticada de San Carlos.

Pero 2016 fue la temporada de la redención absoluta de Salas, y puede que también de la comunidad cruzada en su conjunto, el curso en que se superaron todos los estigmas. El 30 de abril, Universidad Católica conquistó su undécima estrella tras derrotar a Audax y beneficiarse del tropiezo de O’Higgins. Y en la última fecha. Ésa en la que tantos aguardaban su caída. Cinco meses más tarde, el 15 de septiembre, llegó el triunfo en la final de la Supercopa ante el archirrival, Universidad de Chile; y el 8 de diciembre, en el Germán Becker de Temuco, el añorado bicampeonato. El primero en toda una vida. Y también el punto más alto en la carrera como estratega del Comandante, que decidió continuar al frente del equipo un año más, pese a la desbandada generalizada de figuras de aquel equipo. Y ése fue, dicen, su primer pecado capital. El insistir. El perseverar. “El momento más importante para un entrenador es cuando tiene que confeccionar su equipo. Y Mario hizo demasiadas concesiones. Cuántos se me van y quiénes son los que vienen. Si los que vienen me dejan conforme, sigo. Y si los que vienen no me dejan conforme y sigo, puede afectar a mi propuesta de juego. La renuncia es también un camino que tienen los técnicos”, reflexiona al respecto Juvenal Olmos, ex jugador y ex técnico de la UC, para quien la continuidad de Salas en aquel momento podría ahora dilapidar su hipotético futuro como seleccionador chileno: “Si Mario hubiera tenido este año un año normal en base al bicampeonato, sería el actual entrenador de la selección chilena”.

Para Olmos, quien cambió precisamente en su día San Carlos por Pinto Durán para enfundarse el buzo de la Roja, la explicación a la animadversión que hoy muestra la parcialidad cruzada hacia el DT tiene que ver con varios motivos: “Cuando tú eres bicampeón el control de la mesa lo tienes tú, porque eres quien baraja las cartas. Y nunca quedó explicado por qué diablos se fue Carreño a Everton, o Gutiérrez a Palestino. La propuesta actual de juego está muy alejada de la del bicampeonato. Y el hincha de Católica se identifica ante todo con su cantera, y se diría que durante su ciclo siempre se han visto perjudicados jugadores que vienen de las inferiores. Eso explica que no se haya podido ganar el corazón de la hinchada de Católica, que no es un público hostil, pero que cuando tiene que ser belicoso, se expresa como hizo contra San Luis”. Una tesis con la que disiente Jorge Aravena, otro ídolo cruzado: “Me parece irrespetuoso que se le dé ese trato a Mario considerando que hace muy poco fue bicampeón del torneo nacional y que uno de esos campeonatos, lo ganó con nueve jugadores formados en casa siendo titulares”, afirma. Y en la que ahonda Lepe, pidiendo abiertamente la continuidad del estratega: “La salida de él no corresponde. Siento que tiene mucho por darnos. Es una persona que trabaja muy bien y creo que debería mantenerse”.

Y mientras desde el entorno más cercano del entrenador afirman que la actual situación no afecta a la moral ni mina en modo alguno la autoestima del DT, calificado como “mentalmente sólido y siempre mesurado” por su grupo más íntimo, la guerra contra el Comandante bicampeón continúa abierta en San Carlos. “Yo me atrevería a decir que Mario es muy respetuoso de valores como la lealtad, los necesita para liderar, y aunque creo que este momento le ayudará a crecer, es un proceso que debe terminarse”, culmina Cordero. Y Juvenal Olmos agrega: “No es sencillo trabajar con tu propia gente y tu propio club en contra. Que tus jefes no te digan ‘quédese’ o ‘váyase’, te deja como técnico tocado, herido, pero creo que con su discurso Mario se ha ganado últimamente más odiosidades que cariños”.

A 346 días del bicampeonato, Católica es decimotercero en el Transición. Y aunque resulta más que evidente que Silva no es Castillo, Vallejos no es Noir, Vidal no es Maripán, ni Voboril, Parot, Salas sigue siendo Salas. Y su futuro en la UC pende un hilo. Con su ciclo agotado desde lo estadístico, el apoyo de la mayoría de sus pares y el desdén de una directiva que no termina de definir si quiere su continuidad o su cabeza, el Comandante rugbista continúa fiel a su discurso encajando los golpes, consciente de que el tercer tiempo puede ser aún más hostil.

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