Serena en Santiago: el día a día de María Fernanda Valdés, la nueva primera dama de Chile

Valdés hace el trabajo físico en Acción Crossfit, en Providencia. Foto: Luis Sevilla

María Fernanda Valdés vive sus primeras semanas de verdadera fama tras el título mundial conseguido en Estados Unidos. Dice que se siente más conocida, pero su rutina no ha cambiado, un día a día que ella considera bien fome, pero que es el que la llevó al triunfo. ¿Los dramas? Todos superados. La nueva primera dama de Chile.


“Un paso atrás los hombres”, dice a los candidatos en el escenario el animador de la gala del Comité Olímpico de Chile, donde se premiará al mejor deportista del año. Todos los varones lo hacen y también María Fernanda Valdés, muy nerviosa. De vuelta a su lugar, con las mujeres, escucha que la ganadora nació en Coquimbo. Ahora no se da por aludida, no entiende que acaba de ser elegida la mejor deportista del país. Ella misma se ríe ahora de la situación con sus amigos.

Fue todo confuso, pero lo cierto es que Valdés no está acostumbrada a tanta atención. A los medios, ese día, les habló de las elecciones y la importancia de ir a votar en las presidenciales, poco de su carrera y sus días como la mejor del mundo en el levantamiento de pesas categoría 90 kilos.

Porque así es la pesista. Habla fuerte, cuando quiere dejar algo en claro y también cuando no se trata de nada importante. De risa fácil y talla al segundo, se pone seria al hablar con los periodistas. Le da susto cuál sea el titular que le pongan a sus dichos. “El otro día un periodista me habló como una hora para preguntarme si me pintaba las uñas…”, reclama.

¿Le ha cambiado la vida? Dice que no, pero sí que la “acosan los periodistas… No, en serio, la gente me abraza, me pide selfies. Ahora en el último tiempo, después del Mundial. ¿En La Serena? Allá es distinto, me conocen desde que nací, mis papás son conocidos (una concejal y un ex vicepresidente DC)”.

La pesista dice que desde el Mundial se siente más conocida. Foto: Luis Sevilla

Porque las fotos a plana entera, sus frases en grandes titulares, ambos llenos de felicidad, no han sido la tónica de su carrera, marcada por más de un inconveniente. Sólo por señalar tres: terminaron en llanto su presentaciones en Londres 2012 y en Río 2016 y el entrevero con otros pesistas que le dejaron mensajes ofensivos en su auto, este año.

El primero la hizo pensar en el retiro. De los dos últimos salió bien. “Nunca estuve con depresión, no alcanzó a eso, fue bajoneo mayor, no quiero el titular ‘Sale de la depresión para cazar el título mundial’”, aclara, “no vayas a poner una cosa como ésa en la nota. Estaba desilusionada, no era que quisiera cortarme las venas”, agrega. “Tuve al psicólogo al tiro, no hubo tanto drama. Y no entrenaba, sólo rehabilitación, porque estaba lesionada”, cierra.

Su explicación completa: “Después de los Juegos Olímpicos de Río me vino como una cuestión a la cabeza, psicológico, físico, emocional, todo, y cuando me di cuenta, ya estaba arriba (en el peso), le pregunté al profe y me dijo que este año no le interesaba que bajara de peso, porque hay que arreglar la cabeza, hay que trabajar la confianza y después veremos el camino a seguir. Me dijo que no quería estresarme”. Pero jamás pensó en dejar el deporte, insiste.

En una sesión del ‘kine’, en el CEO de Ñuñoa. Foto: Luis Sevilla

Es feliz Valdés por estos días en Santiago. Coquimbana de nacimiento, vivió en San Joaquín en la niñez y es serenense de corazón. Ahí viven hoy sus padres y en esa ciudad tiene, junto a su hermano, dos Lubritec, un negocio de servicios automotrices. Su hermano lo administra, pues ella viaja a la Cuarta Región cada dos o tres meses. “No puedo ir tanto, porque allá me desconcentro, no entreno, como porquerías. Es que mi papá le encanta cocinar, hace de todo y me regalonea, me hace pescado frito. Allá es distinto, es fresco. Yo nací en Coquimbo, en la caleta, y ahí viven mis abuelos. Siempre voy ahí”, confiesa.

Valdés en una de las sucursales de su negocio en La Serena. Foto: Hernán Contreras

Sobre ese ascenso de categoría 75 a la de 90 kilos de peso corporal, dice: “Estoy tratando de bajar de peso, para bajar un poco la grasa, pero por ahora es pura ensalada y proteínas, pero mi dieta normalmente tiene carbohidratos”.

¿Cómo es un plato normal? “Es que eso depende del atleta, de su biotipo, de su categoría. Por ejemplo, Arley Méndez come dos veces más que yo y pesa menos (85 kilos).

En la capital vive con su pololo de hace nueve años, Jorge Ávalos. “Es una eternidad, ya hay que divorciarse, le digo siempre”, bromea Valdés.

La relación, asegura la deportista, nunca le ha traído problemas, pese a que su novio es hoy entrenador de la selección. “Pero, ojo, que fue técnico después de estar conmigo. Para que no digan después que, como pasa, que los técnicos andan con los atletas. Pololeamos desde que él era pesista, que dejó de serlo hace unos dos años. En el gimnasio nunca nos hemos dado un beso. De hecho, llegamos aquí (al CEO) en el mismo auto y cuando entro a la sala lo saludo como si no lo hubiera visto, igual que al resto”. ¿Pero eso no es como ocultar la relación? “No, porque no hay que mezclar el trabajo con la vida sentimental”, responde. Sin hijos, la mayor atención de la pesista se la lleva su sobrino y ahijado, de un año y tres meses.

En La Serena le pusieron su nombre a un torneo de pesas. Foto: Hernán Contreras

La rutina normal

Tras el Mundial y de cara a las fiestas de fin de año y el verano, las pesas están en un período de baja intensidad. En este día, Valdés asiste al CEO sólo para una sesión de kinesioterapia, nada de pesas u otro trabajo físico.

Pero en circunstancias normales, su rutina sabe de levantarse cerca de las 8.30, desayunar, y una sesión matinal de entrenamientos en el Centro de Entrenamiento Olímpico (CEO) con pesas, desde las 10 hasta las 12 o 12 y media; después, almuerzo en el CAR o se cocina algo en casa, con siesta o descanso, para otra sesión en la tarde, de cinco a siete.

Todo es levantamiento de pesas, arranque y envión, más ejercicios complementarios, como sentadillas o escalones, con el head coach búlgaro Giorgi Panchev o con el mismo Ávalos. Tras eso, una sesión de kine.

Eso, de lunes a sábado. ¿El domingo? “Descanso, duermo, es lo que más hago”.

¿Va al centro comercial, al cine? Responde que “al mall sí, me gusta ir a comprar, no puro a mirar. A veces salimos a comer, pero no más que eso. Si hay días libres y tiempo vamos a comer a la casa de mis suegros o a su parcela, pasado Rancagua. Es fome mi día; es que al final del día uno está tan cansada, que sólo quiere descansar, es harto el movimiento cada día”.

Dato curioso sería saber cuánto peso levanta un deportista de este nivel al día o a la semana. Pero Valdés no lo sabe y le cuesta calcularlo. La pregunta, la verdad, es anacrónica: “No lo sé, es que hace tiempo que ya no se tabula el entrenamiento en toneladas, se cambió el sistema, es en base a cómo uno va sintiendo el cuerpo. La verdad, no sabría decir, porque yo no me meto en ese tema. El deportista no tiene que meterse en el entrenamiento, porque si no, uno se empieza a cuestionar muchas cosas: por qué hago esto o no hago esto otro”. ¿Eso le ha ocurrido? “No, pero lo he visto, así que he aprendido a no meterme en el entrenamiento, ésa es la parte del técnico”.

En esta época, Valdés ha conocido el crossfit. Más que seguir la moda, la pesista descubrió en esta modalidad una manera de estar en forma: “Como en el colegio, uno hace actividades extracurriculares, para no parar. Voy a Acción Crossfit, estoy haciendo la parte física allá. La idea es que sea hasta enero, pero tal vez lo mantenga el próximo año, pero menos constante, no más de tres veces a la semana”. ¿Será su futuro? ¿Le gusta? “No. Porque es muy complicado, muy fuerte. Lo encuentro entretenido, pero es sacrificado, doloroso. Yo lo hago pausado, a mi tiempo, a mi ritmo, para distraerme y ganar capacidad aeróbica, cosa que los pesistas no tienen”.

La tarde de este reportaje, Valdés tiene que ir a una estación de metro a recoger un regalo de Navidad. Recoger, asegura, pues el comercio no es lo suyo, al recordarle que alguna vez vendió a través de internet zapatos de levantamiento de pesas (escasos y caros en Chile). “Ésa fue una sola vez, porque fui a Estados Unidos y traje, pero es Leslie (Armijo) la que se dedica a eso, creó una empresa. No corresponde, ni tampoco tengo la necesidad de hacerlo”, señala.

Leal con la compañera de profesión se muestra la nortina. Las relaciones de la serenense con el resto de sus colegas siempre están en entredicho. ¿Hacen grupo? ¿Las veces que va a almorzar al CAR, come con ellos? ¿Con los pesistas paralímpicos también? Son tres preguntas y ella las responde juntas en una: “Voy a comer ahí muy pocas veces, pero sí, nos sentamos juntos con los chiquillos de pesas. Como tengo auto, los llevo desde acá (el CEO). Con los paralímpicos, no mucho, pero nos saludamos y si coincidimos en la mesa, comemos juntos, pero nada más”.

La pesista ha sido clara también en desmentir roces con la llegada de Arley Méndez a la selección. De hecho, se enoja mucho al ser consultada no aceptando ninguna duda.

Valdés no tiene grandes amistades en el deporte. “Mis amigos están afuera. ¿De las pesas? Con… con… con Leslie Armijo, Lucas Salinas, pero soy más de dejar mis cosas personales afuera. Mis mejores amigos son del colegio, en La Serena”.

Valdés en su auto, el mismo donde recibió bullying. Foto: Luis Sevilla

Esta relación tensa vivió un duro momento este año, en septiembre, cuando leyó los mensajes que le dejaron escritos en el polvo de su auto el pesista paralímpico Jorge Carinao y la patinadora Romina Pérez, autores que se conocieron después de una investigación. Eso la hizo crecer, comentó Valdés a La Tercera desde Anaheim cuando salió campeona del mundo, aunque ya le da poca importancia al asunto: “No sé cómo pudieron titular con esa frase, yo salí campeona del mundo y se preocupan del bullying”.
Superado también. Valdés quiere mirar al futuro, sin dramatismo, porque no lo hubo, dice. Piensa también volver a la universidad. La Andrés Bello, que la beca y que esta semana le hizo un homenaje, y donde tiene congelada la carrera de ingeniería civil industrial. “Este semestre estaba muy ocupada, pero quiero volver”. Es parte de sus planes.

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