Recibiendo al enemigo

Foto: Laura Campos

Gonzalo Lama y el ecuatoriano Roberto Quiroz dejarán de lado por algunos días su amistad para poner en alto el nombre de su país en Copa Davis, por la primera ronda del Grupo 1 de la Zona Americana. El 2 y 3 de febrero se enfrentan en el court central del Estadio Nacional.


Uno nacido en Santiago. El otro en Guayaquil. Pero las vueltas de la vida y el tenis los hizo conocerse en Colombia en un torneo juvenil. Ambos terminaron como campeones de su categoría, el chileno en la 14 y el ecuatoriano en 16. Calentando antes de cada partido fue cuando se vieron por primera vez y hasta el día de hoy se visitan cuando uno está en la ciudad del otro. Ellos son Gonzalo Lama (405º) y Roberto Quiroz (279º), quienes probablemente se enfrentarán en Copa Davis el próximo mes, pero que por estos días se encuentran realizando la pretemporada junto a los entrenadores Martín Rodríguez y Walter Grinovero. Y viviendo en la casa del chileno, como si se tratara de una nueva edición de la película “Durmiendo con el enemigo”.

A las 6.30 de la mañana suena la alarma para comenzar un nuevo día; rápidamente se arreglan para estar listos a las 8, para comenzar el entrenamiento físico. A las 10 en punto están en el estadio Croata de Vitacura para entrar de lleno en lo que es el trabajo de juego. Luego, viene un período de descanso de dos horas y media para volver a repetir lo hecho a primera hora hasta las siete de la tarde, cuando termina su ardua jornada.

Al son de Creedence Clearwater, y a veces del reggaetonero Ozuna, pasan sus ratos libres en la casa del tenista chileno a pies descalzos y con ropa deportiva. El rock de los 80’ y 90’ (por herencia de sus padres), el cine, básquetbol y la piscina los unen en sus tiempos de ocio después de cada entrenamiento a estos dos grandes amigos, que se reciben el uno al otro cuando el tenis lo permite. “Nos ponemos a ver películas, tele o estamos en la piscina; no hay mucho que hacer, descansamos más que nada”, comenta Lama.

Por otro lado, Robert, como lo llama Gonzalo, se acostumbra poco a poco a nuestros hábitos. A pesar que es la segunda vez que permanece tanto tiempo en Chile, le cuesta recordar lo que le llama la atención del país. Lo interrumpe Gonzalo mientras piensa: “Comer palta”. “Si, comen mucha palta”, reafirma la visita. Y enseguida cuenta: “En Ecuador no tenemos merienda”. Vuelve a ser interrumpido por el dueño de casa: “Acá se le dice la once a la merienda, está agarrando la costumbre de tomar once”. “Eso es nuevo para mí”, confiesa el ecuatoriano, y agrega: “También que el sol se oculte a las nueve y media de la noche es algo totalmente nuevo, En mi país se oculta siempre a las seis y media de la tarde”.

Respecto a la comida chilena, Roberto recuerda un plato: “Probé la torta de choclo”. Y Lama lo corrige: “¡Pastel de choclo! Y todavía no come lentejas ni porotos granados”. Esta vez es Quiroz el que toma el habla: “La paella de la otra vez también estuvo muy buena”. Pero es nuevamente reprendido por su amigo: “No sé si es típico chileno”. Así es la relación de ellos, tanto en el tenis y en lo cotidiano, se complementan y corrigen cada vez que es necesario.

Roberto comenta que está muy feliz de estar con la familia de Gonzalo. “Siempre les estaré muy agradecido por toda la hospitalidad que me brindan y por hacerme sentir como en casa. Yo trato de hacer lo mismo con Gonzalo cuando va a Guayaquil”, reconoce el mejor tenista ecuatoriano del momento. Por otro lado, el chileno bromea al hablar del comportamiento de Quiroz. “No se porta muy bien”, asegura. Para luego referirse a otros amigos que el tenis le ha dado y su experiencia en Ecuador: “Allá tengo muy buenos amigos. Está Emilio Gómez (primo de Roberto) y Diego Hidalgo. Siempre me han atendido increíble”.

Los dos tenistas han tenido la oportunidad de compartir en otros países. “Hemos tenido un sinnúmero de experiencias viajando alrededor del mundo y ahora compartimos entrenadores que lo hace especial”, cuenta Roberto. A pesar de que Quiroz se fue cuatro años a estudiar economía al sur de Estados Unidos, volvieron a encontrarse gracias al circuito tenístico. “Él se fue a la universidad en Estados Unidos a estudiar con beca y ahí se perdió un poco. Le perdí un poco el rastro, pero siempre nos hemos conocido bastante. Aparte, con los jugadores ecuatorianos siempre he tenido cercanía y él es uno de ellos”, cuenta Gonzalo.

Es más común de lo que parece que entre tenistas se ayuden y se presten alojamiento. El economizar es una de las principales razones para recibir a un colega en sus casas. “Tratamos de obviamente ahorrar, eso es lo primordial. Gonzalo se quedó en mi casa en Guayaquil, ha llegado donde Diego Hidalgo y él ha llegado acá. Siempre pasa, no solo entre nosotros. Hay más extranjeros que están acá haciendo la pretemporada y están en casas de familias. Ninguno se queda en hotel porque te ahorras tres o cuatro semanas de hospedaje que las puedes invertir en torneos o en entrenadores”, relata Roberto.

Ambos concuerdan que la vida del tenista es aburrida, debido a que pasan solos en hoteles y se limitan a ir desde las instaciones de este mismo al lugar de entrenamiento. Por eso, el llegar a una casa hace más agradable la estadía. “Un tenista pasa mucho tiempo del año solo, en hoteles y estar en una casa ayuda mucho”, afirma el ecuatoriano.

El único enfrentamiento directo entre ambos lo ganó Quiroz. A pesar de eso, Lama dice que si vuelven a jugar , su amigo no le gana “ni cagando”. La Copa Davis podría dirimir este duelo.

Seguir leyendo