Paraguay no creyó en el milagro

Los guaraníes desperdiciaron una posibilidad histórica. Sin actitud ni juego, Venezuela los venció como visitantes y sentenció su eliminación.


Cimentaron su camino al mundial en los últimos cinco minutos del partido contra Colombia. Hicieron palpable una posibilidad casi inexistente, y en el Defensores del Chaco, los paraguayos borraron de sus mentes todo el tiempo que pasó entre aquel pitazo final y el inicial ayer en Asunción.

Porque los dirigidos de Francisco Arce sitiaron a los venezolanos en su área echando mano a su mejor arma: el juego aéreo. Los centros se sucedían uno tras otro buscando la cabeza de Sanabria, el hombre con la responsabilidad de convertir tantos goles como fuera posible.

Ya Domínguez, tan solo a 60 segundos del comienzo, amenazaba el flanco izquierdo llanero con peligrosos centros rasos que no encontraban receptor.
Poco a poco, el envión anímico comenzó a diluirse. La pericia de Rondón, el solitario agente de ataque de la Vinotinto, fue un factor clave para tal hecho. Su potencia física le permitía mantener la pelota, ganar en velocidad y así, su escuadra adelantaba las líneas.

A los 20’ el partido estaba equilibrado y el atiborrado Defensores del Chaco, silenciado. La enorme cantidad de goles que necesitaban para aumentar exponecialmente sus aspiraciones a Rusia 2018, se veía cada vez más imposible con el paso del reloj y la incapacidad de sus delanteros.

Ejemplos de aquello hubo muchos, que hicieron a los guaraníes llevarse las manos a la cabeza. A los 25’, nuevamente Domínguez se escoraba por el flanco izquierdo, aunque esta vez optó por la jugada personal. Condujo hasta la línea de fondo y centro fuerte atrás, esperando que Sanabria empujara el balón para el primer tanto. Pero el esférico le reboto y le permitió a Ángel despejar y ahogar el grito de gol de 35 mil personas.

El complemento inició sin que ningún equipo tomara ventajas tanto en lo futbolístico como en el marcador. El juego se desarrollaba en la mitad de cancha, abúlico y sin vértigo.
La explosiva emoción del estadio ante los goles de Brasil a Chile tampoco impulsaron a sus jugadores, que no parecían comprender que, en ese momento, una victoria los metía en el Mundial.
Venezuela, sin presión, hacía su juego. Y poco a poco hacía retroceder a Paraguay.

Los minutos pasaban y los nervios aumentaban. Los escuálidos intentos, además, eran nulos. Fariñez, la joven estrella al arco de la Vinotinto, no pasaba zozobras en su arco.
A los 70’, un zurdazo de Romero desde media distancia se fue desviado por muy poco. Era la única acción de peligro de los locales en el segundo tiempo. La juventud de los llaneros, la simpleza de su accionar, descolocaba sobremanera a los ya inquietos paraguayos.

A falta de quince minutos, Otero dispara desde fuera del área, provocando el rebote del arquero, que de manera impensada lo desvía Rondón frente al arco desprotegido.
Pero el calvario final vendría a los 84’, cuando Otero, burlando a toda la zaga guaraní, centro atrás a Herrera que disparó desde el punto penal.

Ante la desesperación de la eliminación, Gómez fue expulsado tras un conato con Ángel luego de fuerte falta. Ya nada podían hacer. Crearon una posibilidad de la nada, y la jugaron con nada.

 

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