Un oro a la fuerza

Fernanda Valdés ha tenido encontrones con técnicos y compañeros, ha llorado mucho, pero dobló esa pena ayer con un gran argumento: campeona del mundo en envión.

El domingo pasado, Arley Méndez le daba a Chile por primera vez en la historia un primer puesto en un Mundial de levantamiento de pesas. El cubano nacionalizado consiguió tres doradas ese día en la cita de Anaheim. Pero para el cuarto logro histórico no hubo que esperar mucho. Apenas 48 horas.

La noche del lunes, en realidad, ayer a la 1 de la mañana, la coquimbana María Fernanda Valdés cumplió una extraordinaria actuación al adjudicarse la medalla de oro en envión en el Campeonato Mundial disputado al sur de Los Angeles, en California, al registrar una marca de 146 kilogramos, superando por apenas uno a la georgiana Anastia Hotfrid y quedó a cuatro de la dominicana Crismery Santana.

La pesista nacional obtuvo esta presea única en el historial nacional en la serie de menos de 90 kilos, la nueva categoría en la que compite desde el año pasado (ver pág. 35).

Antes, era -75, nicho en el que había conseguido sus logros previos: dos diplomas olímpicos, en Londres 2012 (séptima) y Río de Janeiro 2016 (novena), dos medallas de plata panamericanas, en Guadalajara 2011 y Toronto 2015, y el bronce en el Mundial Junior de Sofía, en 2010 fueron la previa a lo ocurrido en Anaheim.

Dice Valdés desde California que de todo ha aprendido. De lo bueno y lo malo y mucho de eso quedó demostrado en el campeonato.

Lo cierto es que la chilena dominó la serie menos de 90 kilos, pues comenzó intentando los 138 kilos en el envión y una vez alcanzada la ventaja, los 146, no tuvo necesidad de recurrir al tercer intento.

Lo ocurrido la madrugada de ayer fue una demostración de fortaleza mental también de parte de la levantadora, pues en la prueba de arranque sólo había ocupado la cuarta posición, con 109 kilos, 11 menos que lo alzado por Hotfrid y superada también por Santana (113) y la ecuatoriana Oliva Nieve (112).

Un meritorio cuarto puesto, pero que le restaba opciones de conseguir una presea en el total olímpico (la suma de arranque y envión).

Pero no se echó a morir. Tampoco se acordó en el momento clave de la noche que había pasado todo el día con malestares por un resfrío.

Menos recordó que no lo ha pasado bien en el último año: que en Río 2016 su entrenador decidió inscribirla en las series pobres de la mañana, para concentrarse él en otras actividades a la hora de las finales. Al llanto de la pesista en Riocentro la siguieron las ganas de tirar todo a la basura. No lo hizo. Sí subió de peso, que al final fue la clave, tal vez, de la victoria en Anaheim.

Tampoco la hicieron venirse al suelo los recuerdos del bullying que denunció hace unos meses. Hay gente en el CAR que no la quiere y se lo hicieron sentir directamente. Ella, con sabiduría, dejó pasar la mala onda y utilizó esa energía para levantar la barra.

En el total olímpico, la chilena alcanzó la medalla de plata con 255 kilos, mientras que el primer lugar fue para Hotfrid (265). El bronce quedó en manos de Santana (254).

Gritos y risas en el mismo escenario de competencia. Una felicidad que borra cualquier mancha que la haya acompañado.

Como una potencia
La nortina se va con las preseas y con el récord panamericano de envión, que batió por cuatro kilos.

La dupla de Méndez y Valdés se despidió del Mundial de Anaheim con cuatro medallas de oro y una de plata, cosechadas en apenas 48 horas.

Una suma histórica que dejaba atrás cualquier celebración en las participaciones previas de Chile en estas competencias y ponía a los nacionales, hasta ayer, como el quinto mejor país en el medallero del certamen.

Seguir leyendo