El Deportivo

Olivares, el Cuchi Cuchi

Una increíble recuperación después de superar un cáncer de ganglios exhibe Adolfo Alamiro Olivares Aravena, el excentrodelantero nacido en Ocoa el 20 de diciembre de 1940 y que vistió las camisetas de Everton, Ferrobadminton, Universidad de Chile, Huachipato, Santiago Morning, Audax Italiano, Magallanes, Alianza de San Salvador (El Salvador), The Strongest de La Paz, Aurora de Cochabamba (Bolivia) y la selección chilena.

“Ya me creció el cabello que perdí con la quimioterapia y sólo me falta subir algunos kilos”, cuenta “Cuchi Cuchi”, apodo que dejó en segundo plano su nombre. “En 1964 conocí a la vedette argentina Silvia Ferrer, le decían la Cuchi Cuchi, y en un entrenamiento de Universidad de Chile en el estadio Recoleta, mi yunta Rubén Marcos me gritó: ‘¡Tócala, Cuchi Cuchi!’. Y desde entonces quedé bautizado así”.

Formado en el Estrella de Ocoa, Olivares hizo su estreno en Everton en julio de 1961: “Fue ante Palestino en el estadio El Tranque de Viña del Mar. Ganamos 1-0 con un gol mío de cabeza a José Donoso; fue un centro desde la derecha de Rómulo Betta. Ese año debutamos tres Olivares: Juan, arquero de Santiago Wanderers; Luis, defensa de Universidad Católica; y yo”.

En 1962, Everton lo cedió a Ferrobadminton de llapa por el argentino Héctor Molina: “Él era espectacular, por eso le decían Chiche. Y también debuté con goles en Ferrobadminton, dos a Unión La Calera en Santa Laura (julio de 1962). Goleamos 5-0 y los otros tres los anotó Héctor Acevedo”.

En 1964, Olivares fue la adquisición del año: Universidad de Chile pagó 40 millones de pesos por su pase. “Me correspondió el 15 % de la transferencia, seis millones, y la ‘U’ me dio otros seis. Con los 12 millones les compré una casa a mis viejos en Quillota”.

En el Ballet Azul fue reserva del Tanque Carlos Campos y actuaba en los encuentros internacionales: “Di dos vueltas olímpicas. Había dos jugadores por puesto y los partidos de mitad de semana entre titulares y suplentes eran verdaderos duelos. Una delantera alineaba a Braulio Musso, Ernesto Álvarez, Campos, Marcos y Leonel Sánchez. Y la otra, a Pedro Araya, Óscar Coll, yo, Juan Carlos Oleniak y Juan Ganga”.

Durante dos años formó en la selección nacional que dirigía Salvador Nocetti: “Se lesionó Julio Gallardo, un jugador extraordinario, y tuve mi oportunidad. Jugué en la gira a Alemania Oriental y en las eliminatorias de 1969. Convertí dos goles a Ecuador en Ñuñoa, en dos centros del Chico Araya, y uno en Guayaquil, donde el flaco Quintano me desvió otro. También le anoté dos veces a México y a Argentina, uno en La Plata”.

Sorprende al decir su estatura: “Sólo medía 1,76 y pesaba 75 kilos. Me veo más alto porque tengo las piernas largas. Yo jugaba bien, cabeceaba y le sacaba provecho a mi zancada. ¿Mi ídolo? ¡René Orlando Meléndez Brito! Él tenía otras características. Y en mi puesto admiré al brasileño Vavá y al Nino Landa”.

Con The Strongest, Olivares fue campeón en 1974 y disputó la Copa Libertadores del año siguiente.

Consultado por el mejor defensor que enfrentó, la respuesta es instantánea: “Don Raúl Sánchez. Esperaba, amagaba, anticipaba y salía jugando. Y si uno llegaba a pasarlo, él punteaba la pelota y la sacaba al lado”.

Tampoco vacila Olivares al nombrar a los futbolistas chilenos más grandes que conoció: “Cua-Cuá Hormazábal y Leonel Sánchez, ¡lejos!”.