El obrero de Audax Italiano

El delantero Sergio Santos (23) llegó a Chile hace tres años desde Brasil, con el sueño de ser futbolista profesional. En Belo Horizonte, su tierra, fue albañil para ayudar a su familia.


Luego de la intensa práctica, una parte del plantel de Audax Italiano parte al gimnasio. Sergio Santos, el brasileño que siempre sonríe, se une al grupo que se va al camarín: “Me ducho y hablo con ustedes”, advierte. Exactamente 25 minutos después, el delantero ya está posando para La Tercera en la Ciudad de Campeones, donde entrenan los verdes. Sólo por someterse a un lente recibe las burlas de sus compañeros.

“¡Saca cuerpo, negro! ¡Muestra el reloj de oro que tienes!”, le gritan desde una ventana y Sergi Santos, como es conocido futbolísticamente, no para reír. El hábil ariete creció en el barrio Ana Lucía de Belo Horizonte. La pobreza predomina en las calles de su niñez y el sueño de ser futbolista, por ese entonces, parecía cada vez más lejano. “Vivía con mi papá, una tía y mis dos hermanos mayores. Tengo otros tres por parte de mi mamá, que vivía en otro lado. La verdad es que era todo tranquilo. Trabajaba como obrero de construcción haciendo techos y a la misma vez, entrenaba en las juveniles de América Mineiro (desde los nueve años), pero todo en el nivel amateur. Tenía casa y comida. Mi madre tenía más dificultades”, recuerda Santos.

Su tono de voz cambia cuando se trata de su madre. El simple tema le hace revelar sus miedos. “No lograr mi objetivo que es dar un futuro mejor a mi familia y a mi madre, que es la que más lo necesita. Si le falta algo, espero poder darle lo que ella no tenga”, relata.

Fue en las calles de aquel barrio, donde el puntero comenzó a mostrar sus virtudes. Sin embargo, sus aspiraciones de ser profesional sufrirían un duro golpe. “Cuando estaba defendiendo la camiseta de América Mineiro, pensé dejar el fútbol porque me echaron del club. No me dieron ninguna razón. Yo creo que fue porque era muy bajo. Medía 1 metro 60 y además llegaban jugadores nuevos que tenían mejores representantes que yo. No quería saber más de fútbol, pero ahí tuve el apoyo de amigos y de la familia para que volviera a jugar”, señala.

Pero fue un chileno quien logró sacarlo del difícil momento. En enero de 2014, el representante Guillermo Mancilla lo ayudó. De inmediato la opción de probar suerte en Chile apareció. Primero fue Palestino y luego Magallanes. En ambos no tuvo suerte, hasta que llegó Audax Italiano. Una temporada defendiendo las juveniles le bastaron para subir al primer equipo. Y el recuerdo del debut aquel 15 de octubre de 2015 sale a flote de inmediato: “Fue contra Cobresal en El Salvador. Hice un gol de cabeza. Ganamos 2-1. Estaba muy nervioso. Me ahogué altiro por el tema de la altura. Gracias a Dios pudimos ganar y anoté”, rememora. Han pasado dos años desde que Sergi disputara por primera vez un partido como jugador profesional. Hoy es pieza fija en el once estelar de Hugo Vilches y sueña en grande. “Me gustaría poner mi nombre en la historia de Audax. Ser recordado por años y que cuando pregunten por mí, sepan que hice algo importante”.

Santos se define como un jugador veloz. Su aspecto físico impone respeto y es la principal virtud que Vilches intenta explotar. “Me pide que sea agresivo, que tenga actitud y que imponga mi estilo de juego en cancha siempre. A veces se da, otras no. Pero siempre me instruye a atacar los espacios por mi velocidad. Ocupar mi fuerza. Gracias a ello, me he convertido en titular”, explica.

A pasos del estadio Bicentenario, Santos vive en una pensión del club junto a una familia chilena y a otros dos futbolistas juveniles. Y se ha sentido un chileno más. “Vine solo y pude conocer a una familia que me ha tratado súper bien. Me invitan cuando se hacen asados fuera de la casa y me he sentido acogido”, narra. Sin embargo, a pesar de refugiarse en brazos chilenos, extraña a los suyos en Belo Horizonte. “Sufro estando lejos de la familia. Los echo de menos. Es un sacrificio no poder estar con ellos, pero a través de Skype y WhatsApp me mantengo en contacto con ellos. Me mandan fotos de cómo están en Brasil. Me apena, pero también me da alegría de saber que ellos están bien”, confiesa, ocultando por primera vez esa sonrisa que le caracteriza.

Hoy, en El Teniente de Rancagua, Sergi Santos intentará acercar a Audax Italiano a los líderes. Ese es su objetivo más próximo, porque el verdadero, ese sueño de quedar en la historia de su club, todavía tiene que esperar. Con sólo imaginar que se cumple, el albañil de Belo Horizonte vuelve a su estado natural de alegría.

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