El Deportivo

Natacha, la novia del Perú

El encanto y la belleza de la basquetbolista Natacha Méndez encarnaron un fenómeno de popularidad como pocas veces se ha visto. Campeona con Famae en 1948 y con Chile en el sudamericano de Lima 1950, su presencia desató tal entusiasmo que fue bautizada como “la novia del Perú”.

Natacha, de 84 años, evoca en Ventanas, Quinta Región: “En la Plaza de Toros de Acho, el público me había hecho su regalona desde el desfile inaugural. Se elegía la reina del torneo y pensé que iba a ser la colombiana Panchita Zavala, que era estupenda, pero gané yo. En la final tocaron una marinera, bailé una cueca en agradecimiento, me ovacionaron y el Presidente de la República, general Manuel Odría, pronunció que yo era la novia del Perú y me regaló un hermosísimo collar de perlas”.

En Lima, donde firmó más de mil autógrafos, Natacha recibió varias proposiciones matrimoniales. “Yo tenía 17 años, iban a visitarme al hotel de la concentración y me pedían permiso para conocer a mi familia. Lo más divertido me ocurrió en Santiago. Regresé de un entrenamiento y en mi casa me estaba esperando un señor peruano. Venía a solicitar mi mano, había viajado en su avión privado y poseía plantaciones de algodón. Cuando rechacé su oferta, él me advirtió: ¡Te vas a arrepentir!”.

En noviembre de 1950, en Santiago hubo elección de Reina de la Primavera a través de venta de votos para la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile: “Me enviaban soles desde Perú para apoyarme… En un acto en el Teatro Caupolicán, fue elegida Gloria Legisos, quien después fue Miss Chile. Los espectadores protestaron y Pepe Tohá, de la organización de la FECH y quien sería ministro de Allende, no sabía qué hacer. Lucho Gatica y Raúl Matas estaban de mi parte y en una medida salomónica, fui designada Reina del Pueblo”.

En enero de 1952, Natacha contrajo matrimonio, una muchedumbre desbordó la iglesia San Ignacio y gritó hurras: “El cardenal José María Caro comentó que había sido un circo… Con el desorden, el velo se me enredó en el cuello, me desmayé y el novio tuvo que sacarme en brazos. La fiesta era en el Club Militar y nos avisaron que no fuéramos. La gente había invadido el lugar y los invitados quedaron afuera”.

Con tres hijos, ocho nietos y siete bisnietos (y uno en camino), Natacha se dedica a la pintura y a escribir en un taller literario. En 2014 publicó en Letras junto al mar un encuentro privilegiado que tuvo en la arena de Iquique en los años 50: “Estábamos muy abrigadas y al sacarnos los gorros, la reconocí: ¡Violeta Parra! Ella me dijo: ‘¡Natacha Méndez!’ Fue una sinfonía en la playa”.

No es su única anécdota increíble. En 1967 se hallaba en Santos, Brasil, y cruzaba del hotel a la playa. Un día atravesó sin mirar y un Mercedes Benz la golpeó en la cadera derecha y la hizo caer. “¡Era Pelé! Quiso trasladarme a una clínica, pero le dije que no era necesario. Ofreció llevarme donde yo quisiera. Le señalé que le saldría duro, porque me acompañaban 36 personas: las selecciones femenina y masculina de vóleibol que competían en un sudamericano y mi marido, Antonio Corral. ¿Cuál es el problema?, me contestó. Todos pasamos un día maravilloso en la casa de Pelé”.

Natacha no se perdió los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016: “Seguí todos los deportes, menos el básquetbol. ¡Ahora es para gigantes! Fui una alero rápida y de buena puntería, sobre todo desde lejos, y con 1,65 metro de estatura podía jugar”.