Mathías Vidangossy: “Me estoy tratando de un cuadro depresivo, siempre fui débil de mente”

Tras casi diez meses alejado de las canchas, el habilidoso futbolista de 30 años se sienta a conversar con El Deportivo. El Pianista pone nombre, por primera vez, a los fantasmas que habitan su cabeza.

A Mathías Vidangossy (30) no le gustan demasiado los micrófonos, pero hoy ha venido a hablar alto y claro. Desde su silenciosa salida de Palestino, en diciembre del pasado año, poco o nada se había sabido de él, pero se había especulado demasiado. El misterioso ex mundialista Sub 20, miembro de excepción de la Generación Dorada y eterna promesa del balompié criollo, recibe a El Deportivo en el lobby del Hotel Hyatt Santiago, donde ultima su recuperación de una lesión de ligamento cruzado.

No ha sido fácil contactarlo. No atiende el celular, no usa redes sociales, no parece del Siglo XXI…

No, es verdad. No me gustan mucho las redes sociales. Trato de mantener mi privacidad. Mis cosas personales son mías y no me gusta que se metan ahí.

¿El último romántico?

Algo así.

¿Es un futbolista cesante o un futbolista retirado?

Cesante. Ya llevo casi ocho meses sin jugar. Los primeros seis fueron porque me quedé esperando algo del extranjero, pero no llegué a firmar. Seguí entrenando, cuidándome en la parte física y después, cuando se abrió el libro de pases para este nuevo torneo, jugando con unos amigos me corté el ligamento cruzado.

¿Está en proceso de recuperación, entonces?

Sí, ya llevo un mes y medio desde la operación.

¿Cuándo planea regresar a las canchas?

Voy a hacer todo lo posible para volver a jugar en el próximo torneo, en enero. Poder estar ya con algún equipo y seguir disfrutando del fútbol, que es lo que más me gusta.

Su último equipo fue Palestino. ¿Por qué no se alcanzó un acuerdo para su continuidad?

Querían que me quedara, pero yo quería irme a jugar afuera. No quería seguir ahí y por eso les dije: ‘Tengo un contrato de seis meses, así que se terminó el contrato’.

Cuando habla de afuera, ¿se refiere a algún torneo en particular?

No. Pero de los pocos lugares que he estado, México me gustó mucho. Lo encontré una liga muy competitiva en la que cualquier equipo puede salir campeón. Además la gente es muy aficionada, no tan pasional como en Chile.

21 de septiembre de 2016. Palestino recibe en el Monumental a Flamengo por los octavos de la Sudamericana. Usted hace un partidazo, pero para la revancha, siete días después, no viaja con el equipo. ¿Por qué?

Bueno, así yendo bien a lo personal, que es primera vez, lo que pasa es que durante todo ese tiempo, durante todo el proceso con Palestino, estuve trabajando con una sicóloga, porque me costaba mucho controlar mis emociones. Estaba feliz y después pasaba de un ánimo feliz a un estado depresivo y no quería hacer nada más. Dentro de todo lo que me ha pasado en mi carrera, que ha sido para mí una montaña rusa, he tenido muchos períodos así. Me toca estar en la Selección Sub 20 arriba y me voy a jugar a España, donde no juego ni un partido. Y eso me bota al piso. Después vuelvo a jugar a Chile y sigo en el piso, sigo en el piso, sigo en el piso, hasta que me retiro, entre comillas, y digo: ‘En verdad, no me da la cabeza para seguir en esto. Quiero hacer otra cosa’.

Pero después decide regresar…

Después de seis meses, me motivo viendo jugar a la Selección porque nunca había visto a una selección chilena jugando así. Y ahí estaban todos mis compañeros de la Sub 20. Y vuelvo al fútbol, a San Luis, después a Serena, llego a Colo Colo y empiezo a ir muy para arriba. Y claro, todas esas montañas rusas nunca me las traté y siempre fui como débil de mente, en el sentido de no saber controlar mis emociones. Las emociones me juegan en contra y no las sé manejar. Y hoy día sigo con una sicóloga que me está ayudando en ese tema porque le dije: ‘Yo quiero volver ahora en enero y no quiero tener este problema’. Porque sé que es un problema y eso fue lo que me pasó con Flamengo. Fue un partidazo, después nos tocó jugar el fin de semana con Cobresal, tuve un problema con un compañero y dije: ‘En verdad, no me da la cabeza’.

¿Es un cuadro depresivo diagnosticado?

Es un cuadro depresivo.

¿Y se lo está tratando ahora?

Sí, lo estoy tratando. Estoy tratando de mejorar para que en enero ya no vuelva a pasar. Porque el fútbol es así. Son muchas personalidades y tienes que saber llevar a todas. A veces me siento pasado a llevar o yo paso a llevar a alguien y se forma un conflicto inconscientemente, aunque nunca haya tenido un problema en el fútbol con nadie. Siempre he tratado de ser de muy bajo perfil, pero me pilló Palestino en ese cuadro depresivo y tuve roces con compañeros porque es normal no tolerar a alguien depresivo. Eso fue lo que pasó.

Ex técnicos suyos coinciden en resaltar que necesita sentirse arropado y respaldado para rendir.

Me pasa mucho. Necesito estar cómodo, es indiscutible. Y sé que nunca lo voy a estar por eso, el tema de las personalidades.

¿A qué se refiere cuando dice que nunca va a estar cómodo?

Lo que pasa es que uno necesita un técnico, entre comillas, que sea un amigo que sepa quién eres tú. A mí me pasó, por ejemplo, con Sulantay, en la Sub 20. Él me dijo: ‘Juega’. Y yo sentí que era como un niño al recreo. Sin limitaciones, sin nada, sólo juega. Después de eso llego a Unión y me toca Héctor Pinto de entrenador y me dice: ‘Juega, ándate por donde querai’. Y para mí era seguir con la misma dinámica. Y después me voy a España y me toca un entrenador (Unay Emery) que me dice: ‘Juegas por acá’. Y mi cabeza no logró entenderlo. Porque siento, y no es por agrandarme, que veo el fútbol de una manera distinta, de una manera amplia. Si me encasillas a jugar en un lado, no puedo.

En esa montaña rusa, tuvo pasos marcados por la irregularidad. En Everton y en Ñublense fue separado del equipo por faltar presuntamente a los entrenamientos.

No, en procesos de mi carrera siempre he tenido esa imagen, pero nunca ha sido así como contaron.

¿No se considera un jugador indisciplinado, entonces?

No, indisciplinado no. Por ejemplo en Everton me fui porque tuve un problema con el PF. El entrenador (Nelson Acosta) me dijo una vez: ‘Tú no eres el Mathías que yo conocí antes’. Y puede ser, está dentro de las posibilidades, pero tomó la decisión de no hacerme jugar nunca. Y yo en ese tiempo, como niño, quería jugar, y como no jugaba, me empezaba a comer el tarro. Al final, en uno de esos entrenamientos estaba calentando, sin ganas, y como que me retó el PF. Y yo le dije: ‘Bueno, si usted quiere que no entrene, no entreno y me voy’. Y al otro día llamé a mi papá y le dije: ‘Papá, no quiero seguir jugando fútbol’. Llamé al presidente, Antonio Bloise, y le dije que me quería ir. Y así se terminó con Everton. Y en Ñublense me pasó que Fernando Díaz me llevó y no sé si un mes después lo querían echar. Y yo me había venido por él, yo no tenía pensado ir a Ñublense. Y no es que dejara de ir a entrenar, es que me retiré directamente del fútbol. Dije: ‘Ya. No más’.

Ese estigma de jugador que deja de entrenar, que es irregular, inconstante, ¿le termina pasando la cuenta?

Sí, obvio, totalmente. Es el ruido que hacen los medios en ese sentido. Irregular, tienen toda la razón. Y sé que soy irregular emocionalmente, que un partido sí y otro no. Yo juego un partido y me voy feliz a la casa, pero después lo único que quiero es que el siguiente partido sea mejor. Y me juegan las emociones en contra.

Demasiada autoexigencia, tal vez.

Obvio, yo siempre me estoy exigiendo porque quiero que el segundo partido sea mejor que el primero. Y me cuesta.

11 clubes en 11 años. ¿Cuál diría que ha sido su punto más alto?

Bueno, es que yo toda mi vida jugué al medio y después me empezaron a hacer jugar arriba porque era rápido. Pero nunca he sido un jugador goleador, nunca me ha gustado esa ambición de hacer goles. Prefiero mil veces dejar solo a un compañero y que él haga el gol. Ésa es mi esencia. Y me hacen jugar arriba y entonces dicen: ‘éste es un extremo que no hace goles’. Y es la verdad. Porque a mí lo que me gusta es hacer jugar. Y cuando tengo ese plus con el entrenador es cuando yo me asiento. Y con los entrenadores que tuve ese plus fue con Labruna en Colo Colo, con Sulantay en la Sub 20, con Guede y el Nico en Palestino… Y en México me tocó estar con La Volpe, que fue un caso. Un tipo con un carácter tremendo, pero con el que nos entendíamos. Es un tipo que sabe de fútbol, es otra historia, uno de los entrenadores más inteligentes que he visto. Y aunque La Volpe sí me encasilló, creo que se tomó el tiempo de intentar enseñarme a jugar y siempre me dejaba mano a mano con el lateral. Después me fui a Pumas y ahí de nuevo cero feeling con el entrenador (Memo Vázquez), que me encasilló y que no me dejaba mano a mano con el lateral. Me ponía de extremo, pero si yo juego de extremo siempre voy a tratar de ir hacia dentro porque el lateral siempre quiere llevarte hacia afuera, entonces yo lo desordeno si salgo hacia el centro. Y no jugué casi nada. Y cuando no juegas, empiezas a desmotivarte y a tratar de entender por qué esta montaña rusa de emociones. Por eso hoy día digo: ‘Qué ganas de marcharme a un equipo donde con el entrenador tengamos onda’.

El DT va a ser fundamental a la hora de tomar una decisión

Por el tema de las emociones siento que un entrenador que me entiende, me saca rendimiento. Uno al que no le importo, no me saca rendimiento. Por eso te digo que es un tema mental, emocional.

Guede y Córdova siguen acá.

Sí, con Pablo hemos hablado y todo. Con él teníamos una relación distinta. Conversábamos como más firme. Pero siempre antes de los partidos me decía: ‘Mati, disfruta, disfruta’. Y yo le decía: ‘Sí, lo estoy intentando, lo voy a hacer’. Y un día me dijo: ‘¿Qué necesitai tú para disfrutar de este partido?’. Y yo le dije: ‘No me encasillís en ningún lado. Déjame jugar tranquilo un partido. Si no le gusta me saca y pone a otro’. Fue un partido perfecto. Jugué en mi salsa.

¿Se proyecta entonces en algún equipo chileno en el corto plazo?

Soy consciente de lo de la rodilla y sé que no me puedo ir al Manchester así, sé que tengo que pasar por lo que venga. Ya tengo 30 años y las expectativas cambian. Estuve un año parado, no sé qué me va a regalar el fútbol para volver a jugar.

¿Colo Colo es una opción?

No, no volvería ahora a Colo Colo. Así no. Por lo que he escuchado es una lesión que te deja bien, pero en recuperar lo futbolístico. Lo anímico, el sentirte bueno de nuevo, toma tiempo, y no quiero pasar por eso en Colo Colo, porque es un equipo de mucha exigencia. Hoy día sé que voy a volver y necesito un equipo que no tenga tanta exigencia y donde pueda tener continuidad para volver a recuperar la confianza.

Este año se cumplieron diez años del Mundial Sub 20 de Canadá. Lo señalan como el futbolista verdaderamente diferente de esa generación. ¿Qué fue lo que falló?

Falló la cabeza, cien por ciento. Las emociones, nunca saber controlarlas. Hasta el día de hoy me cuesta controlarlas. Hoy en día las estoy tratando, pero en su momento me costaba. Y dentro de que me dicen que soy loco, creo que no es locura, son emociones no controladas nomás que te llevan a no saber resolver una situación como una persona estabilizada.

¿Por qué cuesta hablar con naturalidad de estas cosas?

Los problemas personales uno siempre trata de no traspasarlos a los medios ni que se hagan públicos. Yo te hago un resumen, porque sé que todo ese trasfondo termina detonando en una depresión.

¿Está todavía mal mirado reconocer que uno tiene depresión?

Sí, está mal mirado porque se piensa que todos tienen que ser así, de una forma. El futbolista es una persona que tiene que rendir. Si no rinde, no sirve. Por muy talentoso que sea, por muy corredor que sea, por muy buena persona que sea, no me sirve si no rinde. Y es lógico, porque el fútbol, siendo que es un deporte, también es un negocio. Hay muchos casos de jugadores que rinden en un lugar y en otro no rinden y también están en la misma montaña rusa que yo, sólo que tal vez lo saben revertir mejor. Pero si yo hubiera tenido un Sulantay, un Pablo, un Nico, en todos mis equipos, mi historia sería otra. Y yo me di cuenta ahora tarde de que necesitaba un entrenador que me entendiera. No que fuese mi amigo, si no que entendiera mi fútbol y que no sirvo para jugar encasillado. Porque no sé hacerlo, no porque no quiera, porque no tengo esa virtud. Yo con Sulantay no jugaba de extremo, jugábamos con dos 10 y un 9. Y Alexis era un jugador extraordinario y en ese tiempo ya era muy conocido y lo marcaban siempre a él y a mí me dejaban sin marca. Pero cuando veían que yo también podía encarar, me venían a marcar a mí y a Alexis lo dejaban sin marca. Y entonces nos hacíamos un festín.

¿Cambiaría algo de su carrera si pudiera volver atrás?

¿Sabes qué me pasa? Que siempre que llegó un entrenador que me sacó rendimiento, me llegó una oferta de un equipo mejor y me tuve que ir porque era lógico. Por ejemplo, estaba en Serena, Fernando y el Chueco, me sacan rendimiento y me llama Colo Colo. ¿Qué le voy a decir: no? O estando en Jaguares, me llama Pumas, que es un equipo grande. ¿Qué le voy a decir: no? Entonces no sé si son malas decisiones.

Cuando ve ahora a su generación, convertida en bicampeona de América, ¿qué siente?

No, otra vez la depresión. Es una emoción, pero una emoción en silencio. Y a veces los veo y como que igual me conecto con el partido y son emociones encontradas. A veces los veo jugar y hacen partidos extraordinarios, y a veces se mandan el papelón de estos últimos dos partidos. Pero son personas. Y ahora a Chile le exigen que no puede tener partidos malos. Y los empiezan a juzgar, pero hay que respaldarlos. Los chilenos son chaqueteros en ese sentido. Si alguien se cae, lo pisamos. Si alguien gana, lo levantamos. No tienen ese término medio. Y no se imaginan lo que les ayudaría a los de la Selección que siempre estuvieran ahí.

Su última citación a la Selección fue en 2011, en el proceso de Borghi. ¿Habrá nuevos llamados?

Yo feliz. Antes de lesionarme me acuerdo que me preguntaron cuál era mi objetivo y yo dije: ‘Quiero volver a jugar en la Selección’. Quiero volver a estar ahí con mis compañeros. Y me voy a preparar para eso.

También descubrió la fe en los últimos tiempos, el evangelismo. ¿Es así?

Bueno, ése es un tema más personal, pero digamos que lo viví y después me salí, por la forma en la que uno interpreta la biblia, que es un libro muy interpretativo. Lo estuve, lo viví y después me salí.

¿El piano lo dejó también?

No, sigo tocando. Siempre. Me calma, pero no lo hago como desahogo. A veces estoy muy contento y quiero tocar y a veces estoy triste y quiero tocar.

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¿Y está al tanto de la actualidad del fútbol chileno?

No tanto. A veces estoy viendo tele y veo un partido que me gusta y lo dejo. Pero no veo cualquiera. Hay partidos que me aburren.

¿De qué equipo es hincha?

Hoy en día de Colo Colo. Soy hincha de Colo Colo en el sentido de que tiene jugadores extraordinarios y ése es un partido que me puedo sentar a ver. El Pájaro, no sé cuántos años tiene, pero es extraordinario. A Valdivia, que siempre lo critican diciendo que no es un jugador para Selección…A él tienes que dejarlo jugar. Es un jugador que puede dejar solos a los delanteros 15 veces por partido.

¿Se siente identificado con él? En Brasil llegaron a compararlos…

Sí, un tiempo lo hicieron y para mí era un halago porque Jorge es extraordinario. No soy amigo de él, no lo conozco, pero lo veo jugar y es extraordinario, tiene la misma calidad de Iniesta, piensan diez segundos antes que todos los demás. Y tiene que jugar porque un partido que está cerrado él lo abre con una virtud que para él es normal y para los demás es deslumbrante.

Su Unión, el equipo en el que debutó en el profesionalismo, marcha líder

Hablo a veces con Pablo Galdames, que viene para acá, y yo le digo: ‘Disfruta, porque se van a caer, se van a caer’.

¿Para molestarlo o porque en realidad lo cree?

Es que casi siempre pasa. Es uno de los equipos que aparece revelación y en la fecha 12 se empieza a caer. Quizás salen campeones, pero hay una historia como de caballo de carrera ahí detrás. Y yo le dije: ‘Se van a caer’.

¿Clasifica Chile al Mundial?

Ojalá. Sobre todo por ellos. Si empezaron una historia maravillosa, que la terminen bien. Y tienen todo para terminarla bien.

¿Será 2018, entonces, el año del retorno de Mathías Vidangossy?

Sí. Todo lo posible voy a hacer para volver a jugar y seguir disfrutando. Y con ayuda voy a tratar de lograr transmitir lo que siento yo con el fútbol. Muchas veces dicen que soy frío, pero no soy frío, vivo el fútbol a mi manera porque me genera muchas sensaciones. Y quiero poder llegar a transmitirlo con la cabeza y los pies trabajando juntos.

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