El matagigantes ahora llora por su descenso

Iberia de Los Ángeles fue incapaz de vencer a San Marcos y cayó a la tercera categoría. Valdivia revirtió el duelo ante La Serena para salvarse.


La expresión de Diego Ruiz refleja el dolor que afecta a toda una ciudad. En Los Ángeles lloran. Iberia no fue capaz de superar a San Marcos de Arica y, con el 1-1, volverá a jugar en Segunda División, la categoría que había abandonado hace tres años. El delantero está desconsolado. Va a la tribuna a pedirles perdón a los hinchas. La mayoría entiende su gesto. Fue un de los pocos que dio la cara en el amargo momento. El último en salir de la cancha. Igualmente hubo alguno que no se guardó los reproches. Ruiz lo escuchó, resignado. No quedaba más que hacer.

La Primera B terminó con una jornada de infarto. Que obligaba tener la atención dividida en tres partes. Y que en todas ofrecía cambios constantes que afectaban a los demás. Los azulgranas, de hecho, partieron en ventaja con el gol de Diego Ruiz. Hasta ese momento, todo era optimismo, pues la escuadra de Luis Landeros conseguía el objetivo que se había propuesto, al menos para el día. La igualdad, anotada por Javier Cabezas, instaló el miedo y, más tarde, el drama.

Ruiz, el goleador del equipo que se había transformado en la sensación de la Copa Chile al eliminar a Colo Colo en la segunda ronda del torneo, buscaba alguna explicación para la desgracia. Reclamó, por ejemplo, el gol que le anularon, por un milimétrico y equivocado offside, en un intento por revertir lo que ya no tenía solución. “Es lo peor que me ha pasado en mi carrera. De acá no me muevo. Terminaré mi carrera en este club. Me duele que un gol legítimo, que me anularon, termine en esto. Nos dejan sin pega. Siento mucha impotencia. Hicimos todo, pero no alcanzó”, dijo el atacante argentino, antes de acercarse a la galería.

En Valdivia, en cambio, todo fue alegría. El equipo del Calle Calle era, al inicio de la jornada, el que cerraba la tabla de los promedios y, para colmo, inició en desventaja el duelo frente a La Serena, que se adelantó a través de Patricio Rubina. En la segunda etapa, vino una reacción con tintes épicos en la Cuarta Región. Christopher Ojeda marcó el empate e instaló la ilusión, que se transformó en desahogo con el tanto de Dagoberto Currimilla, quien volvió a su ciudad natal, después de que Martín Palermo no lo considerara en Unión Española para ayudarle al Torreón a mantenerse en la segunda categoría del fútbol chileno. Y terminó, como sus compañeros y el técnico Jorge Aravena, celebrando un logro que parecía imposible.

Ñublense, aunque cayó por 1-0 con Unión San Felipe, también salvó el año.

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