Fernando Solabarrieta

Fernando Solabarrieta

Periodista y panelista de El Deportivo.

El Deportivo

Luz en la miseria


Brillante, sorpresiva, esperanzadora. Eso fue lo que regalaron al deporte chileno Arley Méndez y María Fernanda Valdés con sus cuatro títulos mundiales y una medalla de plata en el campeonato realizado en Anaheim, Estados Unidos.

Después de los enredos administrativos que complicaron al cubano nacionalizado chileno en los Juegos Bolivarianos, éste igual demostró su clase y terminó ganándolo todo en el certamen mundial. Arranque, Envión y Total Olímpico. Pensar que todavía algún ignorante discute su idoneidad como representante de nuestro país, en circunstancia que hace años que vive y entrena aquí.

El caso de María Fernanda es más indignante aún. Luego de tener innumerables problemas de apoyo, debió lidiar con la envidia y la mediocridad de compañeros deportistas que incluso llegaron al punto de hacerle un cobarde e indignante bullying. Se sobrepuso a todo, igual que Arley, y juntos nos entregaron logros planetarios que quizás no merecemos por la casi nula atención y ayuda que Chile les brinda.

Sin embargo, esto es apenas un oasis en el deporte de nuestro país que observa con vergüenza cómo la Federación de Ciclismo hace un papelón también de nivel internacional. Este fin de semana se debe realizar una fecha de la Copa del Mundo y las delegaciones todavía no pueden practicar en el velódromo de Peñalolén. Increíble. Por si fuera poco, los representantes nacionales no quieren competir porque denuncian graves irregularidades en rendiciones de cuentas y y precarias condiciones durante los Juegos Bolivarianos.

Pero esto no es todo, los ciclistas chilenos no van a contar con su director técnico, porque Miguel Droguett prefirió viajar a Colombia para asistir al matrimonio de su hija. Impresentable. Lo ocurrido con los pedaleros no es ni por asomo algo nuevo. Lamentablemente es la historia de siempre en nuestro deporte, con dirigentes irresponsables, situaciones indignantes y una vergüenza que no tiene límites. Basta escarbar un poco para encontrarse con realidades que impresionan y enfurecen en casi todas nuestras disciplinas.

Por eso, lo hecho por María Fernanda Valdés y Arley Méndez es más valioso y se transforma en un grito desesperado para que el Comité Olímpico y el Ministerio del Deporte por fin hagan algo que termine con este escenario pavoroso. En Chile, está claro que hay muchos jóvenes talentosos que necesitan condiciones, herramientas e infraestructuras adecuadas. A estas alturas, sería bueno que aunque no los ayuden, por lo menos no los perjudiquen. De una vez por todas.

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