Los guardianes del court

El supervisor del torneo, de camisa azul y hablando por teléfono, en la grada.

Las apuestas han modificado los hábitos en los torneos de tenis. La organización extrema la vigilancia. No preocupan sólo los amaños, sino el ‘courtsiding’, una práctica no ilegal que consiste en informar en vivo del puntaje antes de que llegue oficialmente a las casas de apuestas. La ATP maneja una lista de personas no deseables a las que se les deniega ciertos accesos.


Jorge Mandl se pasea por el público. Se mueve rápidamente por las graderías y se pone en una esquina con una radio en la mano, que utiliza para comunicarse con la organización del Movistar Open by Cachantún. Esta tarea la realiza cada vez que tiene un respiro, pues sus funciones como supervisor lo obligan a estar pendiente de otras cosas. Su misión es controlar que no haya anormalidades en el más amplio sentido. Pero hay algo que inquieta al argentino: el riesgo de encontrarse con personas que realicen movimientos que puedan estar vinculados con las apuestas. Un flagelo que en los últimos años ha puesto en duros aprietos al mundo de la raqueta.

La ATP, la Unidad de Integridad del Tenis (TIU, por sus siglas en inglés) y los organizadores de los torneos manejan una lista de sujetos con prohibición de acercarse a ciertos espacios de los clubes. Pero no les impide ingresar a los recintos y presenciar los encuentros desde las tribunas.

“La TIU administra lo que se conoce como el listado ‘sin credenciales’. Está diseñado para ayudar a los torneos a identificar a las personas que pueden representar un riesgo para la integridad de sus eventos. Al retener las credenciales, a estas personas se les restringe la entrada a las áreas privadas y sólo para jugadores de los clubes. Esto significa que hay un riesgo reducido de contacto inapropiado con jugadores, personal de apoyo y oficiales. Es una lista confidencial para uso exclusivo del personal del torneo, por lo que no divulgamos los nombres, números y nacionalidades de las personas que aparecen en ella”, explica Mark Harrison, vocero de la TIU, quien aclara que es el único registro que maneja la entidad fundaba en 2008, con el objetivo de combatir la corrupción en la actividad.

Parte de la forma en que operan algunas redes de apostadores tiene que ver con una práctica que no es ilegal, pero que depende netamente de la velocidad con que el juez de silla transmita la información a los centros estadísticos de la ATP y de la ITF, según sea el caso. En 2012 la Federación Internacional firmó un contrato con la empresa Sportradar para distribuir los marcadores en directo a sitios de información y casas de apuestas, lo que alimentó el hambre de muchos asiduos a este lucrativo pasatiempo.

Llegar antes a las apuestas que la información oficial es una carrera a la que se aplican activamente las bandas de apuestas. En el tiempo que tarde el árbitro en cantar el punto y presionar el dispositivo, los supersónicos apostadores pueden obtener jugosas ganancias. Algo que pueden lograr solamente con algún contacto presencial en la cancha. El streaming del torneo va desfasado.

Por esta práctica, conocida como courtsiding y que no es exclusiva del tenis, la Federación Internacional decidió sancionar de por vida a un grupo de árbitros que facilitaron la tarea de este grupo. Fue así como los jueces turcos Serkan Aslan y Mehmet Ulker fueron suspendidos de por vida luego de que la Unidad Integridad comprobara que retrasaban la anotación de los puntos de los partidos.

De acuerdo a la investigación realizada en el Futuro de Belek 2015, en Turquía, Ulker utilizó su teléfono móvil para comunicar los resultados de partidos que dirigía a un tercero.

Este juez fue más allá. Si bien no alteraba los resultados para favorecer a algún jugador, sí retrasaba la anotación de los puntos en el dispositivo PDA, que es el que envía los detalles a los centros estadísticos, lo que claramente favoreció a los apostadores, quiénes tuvieron el tiempo necesario para “acertar”.

Por episodios como éste, algunos torneos incluso han dispuesto de inhibidores de señal o han decidido restringir al máximo el acceso a internet inalámbrico. Todo con tal de ahuyentar a los apostadores.

En el challenger santiaguino, hay plena consciencia de esta situación y de la forma en que hay que combatirla. Así lo explica Catalina Fillol, directora del torneo. “En el mundo del tenis ya se sabe que es una realidad. Como organización, tenemos que estar vigilando y pendientes de ese tipo de cosas. Es una realidad fome, que existe. Ojalá que mientras más gente sepa, podamos ir controlándolo y mejor”, sostiene.

Vigilancia

Para la hija de Jaime Fillol, hacerle frente a esto involucra una inversión mayor, que cuesta encontrar en este tipo de certámenes. “A nivel de challengers, uno ve que hay una vigilancia más pasiva. Es una realidad, por el nivel de torneo, porque para hacer una vigilancia real se necesita presupuesto. En los ATP 250 y para qué decir en los Masters y otros torneos más grandes es mucho más estricto el seguimiento. Pero sí, uno sabe y está al tanto de lo que ocurre. Por eso, los supervisores y árbitros también están observando; se pasean en el público, se sientan en las graderías para ver si hay algo que no cuadra”.

Mandl en su recorrido no observa nada anormal, pero muy amablemente se excusa de hablar, argumentando que la ATP les prohíbe a los jueces y supervisores referirse a este tipo de episodios para evitar malos entendidos al respecto. “No estamos autorizados para hablar sobre esto”, afirma, ratificando que éste es un tema muy sensible para ellos, porque casos como el de los árbitros turcos no son nuevos y ponen en la mira el trabajo del resto de sus colegas.

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