La mano de hierro que esculpe a Haase

Se llama Frank Martin, tiene 51 años y es un obsesivo del básquetbol. Es el técnico del chileno en South Carolina, un tipo que no acepta errores ni cree en elogios. Y que exprime hasta las lágrimas.

Una de las disculpas memorables de Frank Martin frente a los medios se escuchó en enero de 2010, después de golpear a uno de sus jugadores durante un tiempo muerto porque no cumplía con sus exigencias en la cancha. No esperó la pregunta y lanzó: “Fue un error de mi parte. Soy un chico de la vieja escuela, pero entiendo que los tiempos son muy sensibles ahora”. Ni siquiera al asumir su grave falta, este entrenador de básquetbol de 51 años se guardó su dureza. Así creció, así aprendió, así formó su carácter. Así enseña hoy. Y casi todos sus pupilos lo aman por eso.

Si en Chile se escribe de este hijo de cubanos exiliados, el primero de la familia que nació en Estados Unidos, es porque desde julio de este año tiene bajo su tutela al osornino Felipe Haase. Viajó hasta Miami, su ciudad de origen, para reclutar a unos de los grandes proyectos del básquetbol nacional. Le explicó con detalle su programa de entrenamiento en la Universidad de Carolina del Sur (actual subcampeona de la NCAA) y le advirtió lo que se venía para él. De inmediato, con ese sólo discurso, el sureño de 2,08 metros pasó a engrosar la lista de admiradores de uno de los personajes más controvertidos del deporte colegial del país del norte.

Un extenso perfil del New York Times describe a Francisco José Martín (su nombre cubano) como un hombre de “temperamento temible”. Haase no tardó en reconocer que todo lo escrito sobre su técnico es verdad. Para Martin entrenar no es suficiente. Su filosofía es más compleja, como indica el pívot chileno. “Él nos dice: o te rindes o cambias”. Porque como en las clásicas películas militares, este coach es como esos instructores que tratan con sangre a sus reclutas, de los que castiga y, obviamente, expulsa a quienes no soportan sus demandas. Como el sargento Emil Foley, del film Reto al Destino (así fue traducida en Chile), el inolvidable personaje encarnado por Louis Gossett Jr.

Salvo en jornadas de partido, la selección de básquetbol de South Carolina entrena cuatro horas al día. Una se destina únicamente a trabajo de pesas (”es lo más fuerte”, dice Haase) y tres se desarrollan en el parquet. Eso sí, la mayoría se queda después de la práctica para cumplir con los castigos que aplica Martin a quienes cometen una equivocación. La más común de las penitencias, la explica -y la sufre- el cestero chileno: “Nuestro complejo tiene cuatro canchas una al lado de la otra. Por cada error, uno tiene que cruzar las cuatro de lado a lado en 22 segundos cronometrados. Lo máximo que me ha tocado a mí son 39 carreras, a todas velocidad, porque si no cumplo con los 22 segundos, debo repetir la carrera”.

¿Qué es un error para el DT? “No hacer una ayuda a tiempo o no tomar un rebote”, son algunos ejemplos que expone el poste criollo. Pasa que Martin es un obsesivo de la defensa en el básquetbol. Le da lo mismo ganar si su equipo no protegió bien el aro propio. No es una exageración. El 6 de diciembre, en el triunfo de los Gamecocks ante Wyoming, Haase realizó su mejor producción desde que debutó en la NCAA: 17 puntos y 9 rebotes, 3 de 7 en triples. En la conferencia post partido, se le preguntó al técnico por el chileno y su buena actuación. “¿Lo viste ir tras ese balón suelto en la segunda mitad? Él puede hacer tiros, tiene buena mano y los hombres que saben lanzar tienen buenas estadísticas. Pero debe jugar con un sentido de defensa. El juego está en la balanza y hay una pelota que rebota y él simplemente trota. Defensivamente, él nunca está en el lugar correcto… Tengo que arreglar eso. No es su culpa, es mi culpa, y voy a arreglarlo”.

En el duelo previo, en la victoria sobre UMass, Haase hizo su primer doble-doble (11 puntos y 10 rebotes). El resumen de su entrenador fue el siguiente: “Su estadística puede verse bien, pero no jugó bien”. El centro criollo asume la crítica, la ensalza de hecho. Dice que su adiestrador es un “seco” y si lo dice, es “por algo”.

Para entender al profesor hay que entender también su vida. Su padre abandonó la familia cuando él era muy pequeño. A partir de ahí, creció entre la exigencia académica, el deporte y trabajos mal remunerados. Fue lavavajillas, limpiautos… profesor de álgebra en escuelas primarias. Siempre ligado al básquetbol, sin embargo. Logró títulos estatales con colegios de Miami y dirigió a figuras que hoy están en la NBA, como Udonis Haslem, que reconoce que espera criar a sus hijos con “los valores de Frank Martin”.

“No engañes a tus hijos. Si entrenas y lo haces bien, es porque alguien te pateó el culo para hacerlo bien. No permitas que tus hijos se salgan del camino”, es uno de los valores que subraya el cubano-estadounidense. Es, además, parte de su decálogo de principios de defensa en el baloncesto, como se indica en la página especializada The Coaching Toolbox. “Vivió tiempos difíciles cuando joven, le ha costado mucho todo, por eso es así. Pero es un genio de la defensa, construyó un sistema defensivo único, que es muy difícil de aprender y en eso estamos ahora. La verdad es que nos saca la cresta en los entrenamientos y ni siquiera habla con nosotros. Si hacemos algo bien, a lo más una sonrisa”, describe Haase, fascinado con su nuevo mentor.

Para este sargento de hierro, en todo caso, no todo es básquetbol. Para jugar en su equipo, el requisito número uno, además de estar dispuesto a salir con náuseas de cada práctica, es tener un desempeño perfecto académicamente. “No podemos reprobar en ninguna asignatura o nos sacan. Tenemos tutores que nos ayudan a estudiar”, explica Felipe al teléfono, después de terminar una jornada de cuatro horas de carga física y técnica, apurado por llegar a la biblioteca del campus ubicado en Columbia, donde lo esperan para repasar materias. El espigado jugador chileno estudia administración deportiva y tomó cinco asignaturas este semestre: por ahora salió bien de todas, destaca con alivio.

Mañana, South Carolina vuelve a la competencia. Frente a Clemson, el rival más clásico de los Gamecocks. Haase otra vez será sometido a examen por el entrenador más temible de la NCAA, aunque la verdadera prueba con Martin son los entrenamientos. “Tenemos que seguir practicando, sudar.

Quiere que nos desangremos. Y si eso significa que perdemos porque estamos cansados, es lo que es. Los estudiantes de primer año (como el chileno) no entienden las reglas, no entienden cómo ser parte de ellas. Se preocupan de su última jugada y no de la próxima”, sentenció hace pocos días.

Haase trabaja duro para adaptarse al sistema de su obsesivo jefe. “Su objetivo es hacernos el equipo más rudo de la liga y yo le creo”, confiesa. En eso está ahora, aprendiendo, por las buenas o por las malas. Esperando ganarse, en el mejor de los casos, un elogio de su mentor, el severo y, a veces desquiciado, Frank Martin.

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