El Deportivo

El incansable Fabián Capot

A despecho de su físico magro, llamaba la atención por sus carreras a lo largo de la banda izquierda, no se permitía dar una pelota por perdida y no le hacía el quite a las fricciones. Alfredo Fabián Capot Pérez nació el 9 de diciembre de 1943 en Santiago (cumplió 74 años), medía 1,70 metros y pesaba 58 kilos. Se le identificó por su década en Santiago Morning (1962-1972), aunque jugó un año en Magallanes (1971).

Según el puntero zurdo, su resistencia se la debía al ciclismo, su deporte hasta 1959: “Es el mejor ejercicio de abdominales que existe”. También practicaba básquetbol y era insuperable en el tenis de mesa.

Defendió clubes de su barrio, Quinta Normal: “Por el Copec, de allí salió Víctor Santis (Magallanes, Audax Italiano) y por el Dr. Raúl Dennis, donde actuaron Hugo Lepe (Universidad de Chile, Santiago Morning, Colo Colo), Juan Beltrán (Unión Española) y Raúl Angulo (Trasandino, Palestino, Unión Española)”.

En 1960, integró la selección Juvenil de Fernando Riera: “Fui compañero de Chamaco Valdés (Colo Colo), mi vecino Guillermo Yávar (Magallanes) y Víctor Adriazola (Green Cross)”.
¿Quién era su ídolo? “Ramiro Cortés, de Audax Italiano. El Negro era extraordinario”.

Su debut en primera división ocurrió en octubre de 1962: “Santiago Morning perdió 4-2 ante Rangers en el estadio Santa Laura. Los dos goles nuestros fueron del Huaso Jorge Fuenzalida al argentino Rodenak”.

Una de sus primeras satisfacciones fue convertirle un gol a Misael Escuti, de Colo Colo. “Fue un pase del Chiche Héctor Molina, un crack argentino que de espalda metió la pelota, salió Escuti y la toqué (mayo de 1963)”.

Más tarde le costó afirmarse en la titularidad porque los entrenadores de Santiago Morning lo encontraban flaco y chico. “En mi puesto estaban Hugo Mendoza, Rafael Urbano, Juan Becerra… Incluso a Santiago Leiva, que era organizador, Donato Hernández lo instaló de puntero izquierdo. El colmo fue cuando Francisco Hormazábal puso a Ángel Rolón, un paraguayo que llegó con sus compatriotas Ernesto Irala y Víctor Franco y que era más jinete que yo”.

Cuando se adueñó de la camiseta en 1965 y todo el mundo le celebraba su fortaleza, en una entrevista contó que el secreto era tomar vino añejo con huevo. “¿Para qué lo habré dicho? A partir de ahí empezaron a gritarme en la cancha por lo del vino añejo…”

Después de dos grandes temporadas, 1966 y 1967, Colo Colo lo solicitó de refuerzo para el octogonal internacional del verano de 1968. “Frente a la República Democrática Alemana (RDA) convertí un gol luego de un pase de Elson Beyruth, la tiré elevada y se clavó en la red. Fue increíble. ¡Nunca un gol mío había hecho pararse de su asiento a tanta gente junta: 80 mil espectadores! También le marqué un gol al Santos de Pelé, y nuevamente en el arco sur. Los otros rivales fueron la selección de Checoslovaquia, el Vasas de Hungría, Racing y las dos universidades”.

En octubre de 1968 fue su turno en la selección nacional que dirigía Salvador Nocetti y enfrentó a México. “Chile ganó 3-1, pero resultó una noche amarga porque nos lesionamos tres jugadores: Julio Gallardo, en el hombro derecho (25’), yo, menisco izquierdo (45’) y Alberto Quintano, que se fracturó (peroné izquierdo, 85’)”.

¿Cómo se produjo su lesión? “Enfrenté al arquero Ignacio Calderón, famoso porque rezaba en el arco antes del partido, lo eludí y me trabó en el pasto. Me operaron dos veces, dos médicos distintos, y no quedé bien, tuve que ir a Buenos Aires y allá me infiltraron, pero quedé con la zurda recogida”.

Entre 2009 y 2012, la cruel diabetes se llevó las piernas de Fabián Capot y lo mantiene en una silla de ruedas. No ha perdido el humor.

Un par de entrevistados lo eligió a usted como el adversario más odioso. “¿Quiénes? ¿El Viejo Roberto Ampuero y el Chuzo Ismael Ahumada? Ja, ja. Tendría que preguntarle a Tito Fouillioux, que vivía diciéndole al árbitro que yo pegaba patadas. A Gustavo Laube, de Universidad Católica, yo lo dejaba enojadísimo”.

Usted lesionó a Moisés Silva, de Unión Española. “Él no puso la pierna firme en una trabada. Al que una vez, yo rengueando, le topé un tobillo fue a Fernando Carvallo, de Universidad Católica”.
¿Cuáles fueron sus duelos más ásperos? “Con Manuel Canelo, de Santiago Wanderers. Me insultaba y me decía, ¿por dónde pasaste? Yo le contestaba que por el ojo malo, como él tenía un párpado caído… Y con Juan Rodríguez, de Universidad de Chile, que era picado y quería matarme…”.