Juan Cristóbal Guarello

Juan Cristóbal Guarello

Periodista y panelista de El Deportivo.

El Deportivo

Guagualones ofendidos

Juan Antonio Pizzi, llegando a la ceremonia del sorteo de los grupos para el Mundial de Rusia 2018.

No sé a qué atribuirle esto, si a la idiosincrasia, la ignorancia, el resentimiento y lisa y llanamente a la estupidez. Porque, una cosa es que el hincha básico, ése al que sólo le interesa la selección cuando gana y cuyo único objetivo es prender la parrilla, se sienta ofendido como adolescente recién pateado por la polola, pero otra cosa muy distinta es la gente que trabaja en el fútbol, dentro y fuera de la cancha. El odio que ha generado Pizzi en los últimos días es para un tratado antropológico. Finiquitado de la selección chilena le salió una oportunidad en Arabia Saudita, clasificado para el Mundial, y la tomó ¿Qué pasó en Chile? Una multitud de insultos y expresiones de rabia irracional, pataletas de niños de jardín infantil, que encontraban una afrenta que el ex técnico de Chile se atreviera a asumir a un país que sí va a Rusia 2018. ¡Mercenario! Es lo más suave que he escuchado. Y esta inquina, además, se configura a partir de una falsedad absoluta: señalar a Pizzi como el único responsable de la eliminación del Mundial.

No le tengo cariño al susodicho. Sólo me parece un técnico correcto que, parece que se le olvida a la gente, logró para Chile la Copa Centenario. También su trabajo dejó una excelente impresión en la Confederaciones. Falló en el propósito más importante, clasificar a Rusia, pero no fue, ni por lejos, el único responsable. Acá había un plantel de jugadores proclamado, y autoproclamando también, como la “generación dorada” o la “mejor generación de la historia”. Y hombres probados, figuras en grandes equipos de Europa, estuvieron muy bajos en momentos claves. Si Chile no va al Mundial es porque falló la selección en su totalidad.

Decir que Pizzi “no sintió la camiseta” como señaló Paredes es una falsedad total, peor, es una lamentable expresión tribunera para congraciarse con el hincha mandril. Lo mismo para algunos colegas, que vociferan, poco menos, que Pizzi debió hacer algún tipo de duelo y no firmar un contrato por un buen tiempo. ¿En serio? ¿Acaso Vidal se retiró a las montañas tras la eliminación o Alexis está viviendo en una cueva reflexionando sobre la vida y la muerte? Me pregunto cuánto tiempo debió estar sin trabajar Pizzi para conformar a estos señores tan sensibles. Cuando vi el video de un tontito en el Kremlin, dedicado a decir groserías en voz baja en contra del entrenador argentino, pensé que era algún tipo de montaje. Me recordó ese avivado que le sacó la madre a Robben cien veces seguidas después del partido en el Mundial de Brasil. En vez de admirar su juego nos ofende que sea mejor. Ni pensar que reaccionemos como los hinchas de la Juve con Iniesta: aplaudido por todo el estadio en Turín.

En estos diez años, definidos como revolucionarios y que, supuestamente, cambiaron la historia del fútbol chileno, parece que no hemos aprendido lo básico: se gana y se pierde. Y en ambos casos hay una multiplicidad de factores que concurren a la hora de obtener el resultado. Pizzi tiene una cuota importante de responsabilidad, pero también la tienen los jugadores. Andar de ofendidos porque el técnico siguió su camino demuestra que, en verdad, nuestra cabeza no evolucionó nada, que sigue en la infancia, en el útero o en algún estado de existencia anterior inescrutable, el de una ameba seguramente.

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