El gen ecuatoriano de la Rojita

Con sangre de Ecuador y corazón de Chile, Álvaro Pimentel es una de las figuras de la selección campeona sudamericana Sub 17 y del básquetbol 3x3 de los Suramericanos de la Juventud. Hijo de inmigrantes de ese país, nunca dudó de su identidad nacional.


En las gradas de la cancha de básquetbol 3×3 de los Juegos Surameri canos de la Juventud de Santiago, en la final masculina ante Brasil, un hincha gritó: “¡Beausejour!”, pero no se dirigió al seleccionado de la Roja del fútbol ni a un familiar suyo del baloncesto, sino a un joven de tez morena, 1,92 metros de estatura y una polera con el número 12 y el apellido que gritó el locutor cuando lo presentó: “¡¡El único, grande y nuestro, Álvaro Pimentel!!”.

Y en esa cita en la capital, el equipo criollo no sólo venció a los verdeamarillos y a Argentina, potencias que no enfrentó en su camino al título continental Sub 17 de este año. Esa ocasión también sirvió para mostrar nuevamente como una de sus grandes promesas al espigado basquetbolista, bautizado cariñosamente por sus compañeros con apodos como ‘Negro’ y ‘Negrito’.

El alero de 17 años, hijo de ecuatorianos residentes en Chile hace dos decenios, sabe muy bien que lleva el país de sus padres en los genes. Pero tiene la convicción de que su alma es chilena, roja como la polera que llevó en el camino de la selección nacional Sub 17 al título sudamericano de este año, en Lima, y al oro del 3×3 en la cita continental en Santiago.

De hecho, en las semifinales del torneo Sub 17, los nacionales vencieron 74-60 a Ecuador y el entrenador Galo Lara exclamó eufórico en el camarín: “¡Esto se va a descontrolar!”. Y todos comenzaron a gritar, entre ellos Pimentel.

“En el partido en sí, uno sólo piensa en ganar. Yo puedo pensar a veces, ‘Es el país de mis papás’, pero no influye mucho”, dice, con un acento chileno que se diferencia de la marcada entonación extranjera de su padre. Y agrega: “Yo nací y crecí acá, tengo mi familia cercana y mis amigos aquí. Soy chileno en el corazón, aunque tenga sangre ecuatoriana. Nunca me planteé nacionalizarme por Ecuador”.

Hijo del ex basquetbolista César Pimentel y oriundo de Los Ángeles, el joven lanzaba la pelota a un aro de su casa desde pequeño y comenzó a competir a los 10 años en su colegio. Y tras jugar por un tiempo con su talento escondido en esa pequeña localidad, debutó como representante nacional en el año pasado.

“En algunas selecciones no me habían considerado porque vivía en una ciudad que no tiene mucho básquetbol. No había podido mostrarme”, recuerda el alero, descubierto tras un partido por Puerto Varas, su primer equipo de liga, en Valdivia.

A partir de entonces, su clara identidad chilena se hizo aún más fuerte. “Representar a mi país es una alegría inigualable y ganar el Sudamericano fue su máxima expresión. Vivir ese triunfo fue muy lindo”, expresa Pimentel, el motivo por el cual sus padres llevan una hinchada especial por el país en cada partido que juega su hijo, incluso ante ecuatorianos.

“La sangre habla más que la tierra y los hijos son la prioridad. Apoyamos a Chile cuando le ganó a Ecuador en el Sudamericano Sub 17, porque es un orgullo tenerlo como hijo. Y lo veo proyectándose, queriendo jugar un buen básquetbol”, dice su padre.

Pero, por ser un joven alumno de Tercero Medio que convive entre las canchas y el colegio, su progenitor también lo impulsa a estudiar y seguir una carrera superior, que según el joven podría ser Medicina. “Él tiene que tener una profesión. Y no es fácil ser basquetbolista y estudiar esa carrera. Pero si él quiere, lo hace”, dice César Pimentel, quien sabe de lo que habla porque es médico de profesión.

No obstante, su padre confía en la perseverancia de su retoño porque es consciente de que el joven sabe lo que quiere. Cierta vez, César planteó: “¿Y si volvemos a Ecuador?”. Pero la respuesta del basquetbolista fue enfática: “¡Yo no me voy! Si ustedes quieren ir, vayan, pero yo me quedo”. Y con esa determinación se aventuró a Buenos Aires, tras ser fichado por el equipo argentino Obras Basket.

Allí y en la Selección da sus primeros pasos internacionales, mientra sueña con vuelos más altos en el futuro.

“No pensé que estos triunfos llegarían tan rápido, pero ahora quiero que el básquetbol me abra más puertas. Me gustaría llegar lo más lejos posible con Chile, ir a un Mundial, una Universiada en Estados Unidos, unos Juegos Olímpicos… Llegar a la NBA también es un sueño para todo chico, pero más que nada quiero seguir divirtiéndome en la cancha y jugar hasta que no pueda más”, dice.

Y si su nombre sigue dando qué hablar, quizás el hincha que lo vio ante Brasil como el Beausejour de las canastas no lo compare de nuevo y lo vea en el futuro como el Pimentel de las canastas.

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