Gabriel Milito: “Llegas al Barça de Pep, lo comprendes, y dices: ‘uff, es verdad, esto es el fútbol”

Milito, el jueves, en las instalaciones del Monasterio Celeste. Foto: Luis Sevilla

Tremenda su carrera como futbolista e incipiente la de DT, el menor de los Milito agarró a O'Higgins al fondo de la tabla y no lo ha podido sacar de ahí. Con fe en los procesos, el Mariscal analiza su momento en la banca rancagüina y habla sobre la Argentina de su amigo Messi.


El Monasterio Celeste, el centro de entrenamientos de O’Higgins de Rancagua, luce tranquilo. El sol pega fuerte, pero el viento hace olvidar el calor. Ahí el técnico celeste, Gabriel Milito (37), dirige las prácticas con miras a las últimas tres fechas del Transición, en el cual hoy sólo supera a Iquique. Terminado el entrenamiento, el ex seleccionado argentino y ex central del Barcelona recibe a eldeportivo.

¿Qué sensaciones le produce ser subcolista del torneo?

Es algo que uno no se espera. Se trabaja para estar más arriba, pero nos ha tocado transitar en la dificultad. En este campeonato llegamos a agarrar un equipo con cuatro derrotas en cuatro partidos, golpeado anímicamente por la eliminación de la Sudamericana del semestre pasado. No llevamos buen rendimiento, pero sentimos que podemos hacer buenas cosas con este grupo y gran institución. Llevamos apenas tres meses y seguimos en fase de reconocimiento del fútbol chileno y del club.

¿Por qué el mal momento?

No es saludable interrumpir procesos en plena competencia. Y en O’Higgins así se dio. La dirigencia optó por cortar un proceso que venía con buen trabajo, pero al que los resultados no acompañaban. Ahí llegamos. Los equipos tienen patrones que cuesta modificar. No cambiamos tantas cosas, tenía algunas interesantes, pero sí hemos dado nuestra impronta. Nos encontramos con esas dificultades y el agravante de venir con nuestra idea: eso a veces funciona rápido, pero otras toma más tiempo. Por momento hemos visto el funcionamiento que pretendemos, pero no hemos sido regulares. Nos hacemos responsables del momento, con el ánimo de seguir trabajando firmemente. Lo malo sirve para corregir. Si uno es capaz de capitalizar lo negativo y transformarlo en positivo, llegarán los buenos resultados. Lo importante es detectar los errores.

No armó el plantel, ¿es eso?

Hay cosas que son nuevas para ellos, pero me consta que hacen todo el esfuerzo para hacerlo, y bien. Sabemos que en el fútbol profesional los resultados son sumamente importantes, pero para nosotros es relevante la manera. Es necesario que el equipo juegue de la forma que pretendemos y que el resultado sea la consecuencia del juego. Para que eso ocurra, debemos trabajar mucho y recuperar la confianza de varios de nuestros futbolistas.

¿Vino a aportar algo diferente?

No, nada diferente. Vine a crecer como entrenador a un fútbol que me parecía atractivo cuando estaba en Argentina y ya mucho más estando aquí instalado. En realidad, vengo a seguir formándome como técnico. Estoy aprendiendo cosas muy interesantes; significa una gran experiencia y un gran desafío.

¿Ve esta etapa como un trampolín para irse después a otra liga?

No me planifico tanto a largo plazo, sinceramente. Ya tuve alguna experiencia en el fútbol argentino. Independiente, mi casa, un club tan grande e históricamente tan ganador que me formó como persona y jugador, también me dio la chance de empezar a desarrollarme como entrenador. Si mis planes hubieran sido seguir dirigiendo en Argentina o en otro lado, yo estaría allá, porque tuve propuestas llamativas, pero me interesaba salir y conocer el fútbol chileno.

¿Por qué?

Porque está en una fase de crecimiento, tiene margen para seguir progresando y coincide con mis sensaciones. Venir acá pese al momento actual, fue un acierto. Siento que me estoy desarrollando gracias al fútbol chileno. O’Higgins apuesta por un proyecto y cree en los procesos. Hoy en el fútbol encontrarte con gente así es muy difícil. Hay procesos que han contado con una cuota de dificultad al comienzo y han sido muy exitosos. Estoy contento de estar acá.

¿Cómo ve así al fútbol chileno pese a sus nefastos resultados en torneos de clubes internacionales?

Es que no me refiero únicamente al rendimiento internacional. Sino a su organización y prolijidad, a la paciencia que se le tiene a los procesos. Lo comparo mucho con el de Argentina. Aquí se vive con pasión, pero no la pasión desmedida, sino controlada. Todos esos factores para mí conforman lo que es el fútbol, no sólamente los 90 minutos. Y después también el juego es atractivo. Uno ve propuestas muy interesantes….¡pero muy interesantes! Y no sólo en los equipos grandes. Todo eso sumado a la gran repercusión que tuvo la selección chilena bicampeona de América, practicando un fútbol súpermoderno, admirado por todo el mundo, con referencias como Barça, Madrid, Bayern… todo eso seduce. También ser argentino, con grandes compatriotas que han pasado por acá, te lleva a querer venirse. Si uno habla del fútbol brasileño o argentino, uno encuentra equipos muy superiores que en Chile. En su conjunto es donde este fútbol está tan bien posicionado.

¿Qué realidad esperaba después de conocer la europea?

Veo un sello muy marcado por el paso de Marcelo Bielsa en el fútbol chileno. Sampaoli, por supuesto, continuó con ese legado. Uno ve que hay una corriente que tiene muchos rasgos de esos entrenadores. Como admirador de ambos, me siento identificado por la forma de jugar acá.

¿Un fútbol de mucha transición y poca finalización?

Acá los equipos que proponen atacar, ponen gente por delante de la línea de la pelota. Y cuando tienen pérdidas, se producen esas transiciones. Si se atacara con un solo jugador y se pierde la pelota, no habrían transiciones; los equipos estarían replegados y ahí hablaríamos de un fútbol muy defensivo. Yo me siento identificado en el juego ofensivo.

Colo Colo, Unión, la U y Everton. Cuatro aspirantes al título, todos dirigidos por argentinos. Y tres de ellos jóvenes como usted.

Todo lo que conforma al fútbol en Argentina se vive de manera muy pasional, a veces excesiva. Este deporte está muy impregnado a nuestra cultura y forma de vida. De ahí que siempre surgen buenos jugadores y entrenadores. A pesar de la juventud de Guede, Palermo y Vitamina, se nota que su experiencia como jugadores les suma. Cuando eres jugador, te apasiona el fútbol y tienes la inquietud de querer entrenar a futuro, intentas exprimir a cada técnico que tienes en tu camino. Ellos tuvieron esas vivencias y por eso les va bien.

¿Cómo define particularmente a esos entrenadores?

Sobre Hoyos, no veo que su fútbol sea defensivo. Tiene jugadores muy interesantes con características ofensivas, incluso sus centrales. Cuando jugamos contra ellos, ganando cero a dos, nos atacaban con mucha gente y fue insostenible. He visto muchos partidos de la U de Hoyos y no me parece para nada defensivo. Está dejando cosas interesantes en la U. Palermo ha hecho un torneo impecable. No es sencillo sostener el ritmo de los grandes, lo que habla muy bien de su trabajo. Su comportamiento en la defensa ha sido buenísimo, más allá de un par de partidos puntuales. A Vitamina lo conozco menos, pero sé que es un técnico firme a su sistema. Debuté ante él y sostuvimos un partido muy lindo. Es un técnico con argumentos para estar donde está. Y Guede, a pesar de que no ganó el torneo pasado, está haciendo un trabajo muy bueno. Por la jerarquía de su plantel y por el envión con el que llega al final de este torneo, es el firme candidato al título. Me gusta su propuesta.

¿Y qué opina de lo que hace Sampaoli en Argentina?

Es un técnico extraordinario. Está entre los tres o cuatro mejores del mundo, sin duda. Con Dessio y Beccacece arman un equipo de primer nivel. Yo celebro mucho que hoy sea el DT de Argentina. Tengo mucha confianza en él y en los jugadores, casi todos amigos míos. Estoy muy ilusionado con lo que pueda hacer en Rusia 2018. Es normal que no haya convencido en las Eliminatorias. Tuvo muy poco tiempo para trabajar.

¿Por qué Argentina no gana un título desde la Copa América 93?

Porque no es sencillo ganar. Últimamente estuvo cerca, en tres finales, pero ahí hay que evaluar al rival, que también hace lo suyo. Alemania, que nos ganó en el Mundial, viene con un proceso de diez años jugando de igual manera. Tuvo una identidad muy definida por largo tiempo, con pelotazos hacia sus delanteros potentes, algo que le entregó títulos…y cambió. Desde 2005 comenzó a jugar con jugadores más ricos técnicamente y tal vez más débiles físicamente. No obtuvo resultados instantáneos, pero insistió sobre sus ideas y acabó siendo campeón del mundo en 2014. Eso es un proceso. Y en las Copa América…bueno, se enfrentó al mejor Chile de la historia. No se gana con el nombre. Los rivales también quieren ganar.

¿Afecta a los jugadores esas tres finales consecutivas perdidas?

Ganaron mucho para llegar a esas finales. Hay que valorar el trayecto y no caer en la trampa de que lo único que vale es ganar. Es muy dañino ese mensaje, sobre todo para los chicos. Hay entrenadores que en su carrera nunca ganaron nada, pero no por eso son malos. ¿El que gana es el mejor y el que pierde es un burro? Yo no pienso así.

¿Qué sería de ustedes sin Messi?

Un jugador como Leo es irrepetible. Por lo mismo, es imposible que Argentina sin él fuera la misma. Imposible. No es que sea Messidependiente, pero es sumamente importante, dada su enorme calidad. Eso cae por su propio peso. Igual sin él seguiría siendo competitiva. Estamos ante el mejor jugador de la historia, así que no nos imaginemos qué sería de la selección sin él. Lo tenemos. Hay que valorarlo, disfrutarlo y respetarlo, porque pasarán muchísimos años para que los amantes del fútbol volvamos a ver un jugador como él. Y sobre todo para que Argentina tenga a otro Messi.

¿Le afectan los cuestionamientos reiterativos?

No. Hoy Leo alcanzó una madurez propia de su edad y su experiencia. Eso lo sabe gestionar mejor que antes. Recordemos que partió a los 18 en la selección, siendo exigido igual que si hubiera estado consagrado. En aquel momento ciertas críticas le molestaron y le dolieron, pero hoy, si bien no es grato que critiquen, lo maneja bien. Tiene una gran mentalidad. Sería imposible ser el mejor del mundo sólo jugando bien. Hay que ser muy fuerte de cabeza. Es muy inteligente y tiene las cosas muy claras. Un chico tranquilo, súper ordenado en todo lo que hace. Ama su profesión y lo único que quiere es ser mejor futbolista.

Tienen una relación cercana.

Estuvimos cuatro años juntos en Barcelona. Compartimos siete años el camarín de la selección. Eso nos acercó bastante. A pesar de que soy mayor que él, tenemos una amistad muy sólida. La seguimos manteniendo por suerte, a pesar de no vernos cada día. Pueden pasar dos, tres o diez años sin vernos, y la amistad será igual de fuerte.

¿Es más que Maradona?

Es difícil determinarlo. Cuando Diego sacó campeón al país en México 86, yo tenía cinco años. En cambio, a mí me tocó emocionalmente disfrutar mucho más a Leo. Después de verlo tantas veces de forma contínua hacer lo que hace, me resulta muy complicado imaginar que haya existido un jugador en la historia capaz de jugar mejor que él. Simplemente por esa razón lo creo el mejor de la historia. Porque no vi a Di Stéfano, Cruyff, tantos otros.

¿Lo que más lo define hoy como DT fue su paso por el Barcelona?

El estilo que tiene de jugar el Barcelona, uno lo reconocía estando fuera, pero acababas por entenderlo estando adentro. Por qué Xavi recibe siempre tan solo, por qué Messi marca 50 goles por año. No lo supe hasta no haber llegado ahí y haber tenido un entrenador como Guardiola. Si realmente lo sientes y lo llegas a comprender, dices, ‘Uff, es verdad. Esto es el fútbol’. No quiere decir que hay que hacer el cien por cien de esas cosas, porque hay un montón de condimentos más, pero sí puedo decirte que en cuanto a mi concepción del fútbol, hay un antes y un después de mi paso por Barcelona y de haber sido dirigido por Guardiola.

Aparte de Pep, ¿qué otros técnicos son sus referentes?

Muchos. El más importante fue José Pekerman, que lo tuve a los 15 años por primera vez. También aprendí muchísimo de Bielsa, Menotti y Rijkaard.

En el Barça usted vivió momentos de dulce y agraz. Muchos títulos, pero también graves lesiones. En 2009 ese equipo ganó los seis torneos que disputó, con usted sin poder jugar…

Fue una etapa irrepetible con gente maravillosa en un momento muy difícil para mí, la más dura de mi carrera por la lesión que sufrí en la rodilla derecha. Fue una mezcla de todo. Increíblemente el tiempo en que más disfruté de ser futbolista a pesar de los dolores. Viví lo más intenso del fútbol durante los cuatro años. Lesionado, di siempre lo mejor de mí y siempre luché fuerte por recuperarme. Tuve a los mejores profesionales ayudando en mi rehabilitación y los compañeros más increíbles y extraordinarios siempre tirándome para arriba. En el balance, fue una etapa única.

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