Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

Enrique González, el Tuto


En su cédula de identidad dice que nació en Palmilla, Sexta Región. Fue en el fundo Las Garzas, en Colchagua, una estación del ramal a Pichilemu, el 20 de noviembre de 1936 (cumplió 81 años). Medía 1,78 metros y pesaba 74 kilos. Enrique del Carmen González Valdés se inició en Peralillo, estudió en la Escuela Normal de Curicó y actuó en la selección de esa ciudad en el Nacional Amateur de María Elena. “Yo fui centro delantero, pero ese puesto era de Luis Hernán Álvarez, entonces jugaba de 8 o de 10. En el norte me hablaron de Colo Colo y llegué con Álvarez en 1958, pero con la condición de seguir estudiando en la Escuela Normal José Abelardo Núñez. Solamente entrenaba los jueves, por la reserva. Debuté en primera división en 1960, como lateral derecho por Caupolicán Peña, luego fui 6 en lugar de Mario Ortiz y después me quedé con la camiseta 5 de Gastón Guevara”.

¿Quién fue su ídolo? “Manuel Muñoz. También Atilio Cremaschi. Cuando iba a debutar, el capitán Hernán Rodríguez me habló como si fuese una charla de padre a hijo y me aconsejó. Un gesto que nunca olvidé, como tampoco la vez que Enrique Hormazábal me defendió frente a Armando Tobar, de Santiago Wanderers, y le dijo, ‘¿qué te pasa con el cabro?’ y agregó una frase de su estilo. El mejor jugador que vi por su técnica deslumbrante fue Chamaco Valdés, pero Cua-Cuá tenía influencia en los compañeros, en los rivales, en el árbitro, en el público”.

¿Cómo jugaba usted? “Creo no equivocarme si le digo que en todos mis años en el fútbol nunca me cobraron una falta… Como había practicado básquetbol, marcaba a presión y quitaba la pelota. Lo demás era fácil, se la entregaba a Cua-Cuá Hormazábal o a Jorge Toro, quienes siempre estaban libres. Me habría gustado tener la precisión en el salto del Chita Cruz y más tarde admiré la anticipación de Juan Rodríguez”.

En Colo Colo campeón 1960, Enrique González fue zaguero central con Fernando Navarro: “Yo jugaba más adelantado, él tenía mejor juego aéreo y todo lo hacía con una sola pierna: la zurda”. Los dos estuvieron en la nómina de 40 jugadores de Fernando Riera para la Copa del Mundo 1962 y más tarde actuaron juntos en Santiago Morning.

“Reconozco que la embarré de lleno al irme de Colo Colo. En Santiago Morning estuve desde 1962 hasta 1968 y mi última temporada fue en Antofagasta Portuario 1969, donde me reencontré con Luis Hernán Álvarez y el arquero Pancho Valencia”.

¿Por qué le decían Tuto? “No sé. Eso empezó con los normalistas en Curicó. Todavía me llaman así”.

Siempre se habló de usted como el futbolista intelectual. “Por ser profesor yo leía todo el tiempo y de todo, desde la historia sindical de Chile hasta los filósofos franceses, todavía tengo los libros (enseña los de Jean-Paul Sartre). Lo único que me costaba era el inglés, entonces completé los cursos del Instituto Chileno Norteamericano de Cultura y adquirí la colección de la BBC de Londres”.

¿Cuál fue su partido inolvidable? “Por la importancia del rival, el triunfo 1-0 sobre el Botafogo de Garrincha, Didí, Amarildo y Zagallo. Esa noche, Manuel Rodríguez, refuerzo de Unión Española, marcó muy bien a Garrincha (octubre de 1961)”.

¿El delantero más difícil que enfrentó? “Jugué dos veces ante Pelé, de Santos, y una vez contra Alfredo di Stéfano y Puskas, de Real Madrid, pero nadie me dio tanto que hacer como Honorino Landa, de Unión Española, por su velocidad, dribbling y dominio de pelota. Chocolito Ramírez, ¡una maravilla! Lo más fácil para mí era marcar a los tanques y cada equipo tenía uno”.

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