Felipe Hurtado

Felipe Hurtado

Periodista.

El Deportivo

El relato de un triste final


La noche parte espectacularmente. Al minuto, en Quito, Ecuador le gana a Argentina. Chile se entera por los festejos de los hinchas brasileños que se toman la cancha de Palmeiras. A la distancia, también se escuchan los de los nacionales.

En Sao Paulo, el Scratch sale dispuesto a morder de entrada. La derrota de Argentina es un pequeño colchón para la Roja, que aguanta sin descomponerse demasiado. Cada vez que corresponde, Bravo sale a poner la calma.

Messi se viste de héroe y comienza a sacar a Sampaoli del embrollo en que se han metido. Dos goles y los albicelestes se sacuden de la tragedia en ciernes.

Podría ser de otra forma, pero hay calma por lo que sucede en la mitad del mundo. Aún no nos afecta. Bolivia parte ganándole a Uruguay y sorprende a todos; pero a nadie le importa. En un santiamén, además, está perdiendo.

Perú y Colombia no se sacuden de los nervios, y Paraguay no le encuentra el forado a Venezuela.

Brasil entra en modorra, aunque con cada pique de sus delanteros parece que pueden dejar la grande.

Chile sale de su campo, se atreve a algo más. Que el balón esté lejos de Bravo ayuda, pero no es suficiente.

Aránguiz aguanta, pero no por mucho más. Se le extrañará.

En los pensamientos, asoma Nueva Zelanda como el mal menor en el caso que los resultados lo pongan en el camino. Una selección que no representa más problemas que ninguna de la Conmebol.

Nadie quería llegar a Brasil para definir la clasificación, pero ahí está la Roja, pagando las consecuencias del despilfarro de la anterior fecha doble. La de Paraguay y Bolivia, por si alguien lo ha olvidado.

Paulinho y Gabriel Jesús lo hacen recordar en un dos por tres.

La suerte de Chile depende de otros. De Colombia, Perú o Ecuador. James Rodríguez le da vida a la Roja. Y Nueva Zelanda queda como la única opción. Hay que firmarla como sea.

(Suárez le anota dos a Bolivia, por si a alguien le interesa).

Y Messi hace otro, para que dejen de joderlo.

Paraguay no puede en casa y resistimos como un venezolano más.

El tiempo pasa demasiado lento. Y las razones para creer en un repunte son nulas. Sólo queda confiar en los demás. Guerrero empata en Lima y es negocio para los dos. A Chile, en cambio, le llora un gol que no llega. Ni llegará.

Las derrotas ante Paraguay y Bolivia se pagan caro. Y la noche, que partió espectacular, termina en la oscuridad más absoluta.

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