El Deportivo

El Príncipe irreverente

Pablo Aránguiz (20), fue, según sus pares y por masacre, el jugador revelación de todo 2017. Ya había asomado en la encuesta del Clausura de este año y tras el Torneo de Transición que tuvo a Unión Española, su elenco, peleando el campeonato hasta la última fecha, los capitanes y entrenadores de los 15 equipos contra los que compitió este semestre lo erigieron como el mejor en este apartado.

El pequeño volante (1,72 y 65 kilos de peso), jugó todos los duelos del certamen. Sólo en uno de ellos no fue titular y coincidió con el partido en que los rojos vieron caer el invicto de su arco ante Palestino (4-0) en La Cisterna.

Poco a poco el jugador al que no le molesta el apodo de Principito (por su parecido físico y futbolístico con Charles Aránguiz, el Príncipe), se fue ganando la confianza de Martín Palermo, quien le confío la conducción del único equipo que pudo amagarle el título al Cacique en la última jornada. En el elenco de Independencia hubo ocho jugadores que superaron el millar de minutos y el mediocampista fue uno de ellos. Su inclusión no fue por el hecho de cumplir con la regla del Sub 20, sino que por capacidad propia.
Movedizo, hábil con el balón y atrevido, Aránguiz se ha ido ganando un espacio en el club que lo vio nacer al punto de ser hoy uno de los valores exportables y llamados a ser parte del recambio de la Selección.

En el último certamen, el criado en Recoleta se inscribió con tres anotaciones (O’Higgins, Audax Italiano y Everton) y una asistencia (a Israel Poblete en el 0-1 sobre Huachipato). Encima colaboró en la defensa, recuperando un total de 24 balones. Su efectividad de pases alcanzó un 87%, con 222 correctos de 255 intentados.

Los clubes grandes ya pusieron sus ojos en él, aunque el mediocampista no se nubla. Hace una semanas, en entrevista con La Tercera, confesó sus anhelos:“Consagrarme acá en Unión primero, ganar algún título y aportar con mi juego. Llegué muy chico al club, me convertí en un hincha del equipo y quiero hacer algo importante primero, antes de poder partir a otro lado”.

Martín Palermo, técnico rojo, no quiso salir a buscar un conductor. Lo vio en sus propias filas. Y Aránguiz, considerado por él mismo como “el pelusón de la clase”, no desentonó. “La verdad es que Palermo fue quien me dio la oportunidad. Trato de aprovechar al máximo para poder ser una pieza importante dentro del equipo. Siempre está presionando para que uno explote sus capacidades y poder generar una buena competencia por la titularidad”. Es Aránguiz, el jugador revelación. No sólo del Transición. De todo el año. El nuevo Príncipe.