El Deportivo

El pionero de las escuelas de arquero

Tiene Mario Ojeda manos de arquero antiguo: los meñiques fracturados y hacia afuera, varios dedos torcidos. Sólo su colega Juan Olivares tiene las manos más deformes.

“Jamás usé guantes. Era la comunión de la piel con el cuero de la pelota, a la que le apretaba las orejas con los pulgares”, dice Jorge Mario Ojeda Delpino, 82 años, mientras hace el gesto de atrapar el balón con los dedos bien abiertos.

Nacido en Corral el 13 de junio de 1934, en el barrio jugó en el Juventud Católica de Recoleta y en 1952 llegó a Magallanes. Medía 1,76 metro y pesaba apenas 62 kilos cuando debutó en Primera División en diciembre de 1954. “Arquero de suspenso, dijeron en la tribuna cuando vieron cómo la pelota se le escabullía de las manos al joven guardavallas de Magallanes, también seleccionado de la Sección Cadetes” (revista Estadio). “Fueron los nervios de los primeros minutos, después me afirmé y ganamos 2-1 a Palestino en el Estadio Nacional”.

Tuvo su segunda oportunidad en junio de 1957, luego de que Magallanes cayera por 6-2 ante San Luis en Quillota. Esa vez el estreno fue contra Audax Italiano.

Ojeda señala: “Julio Martínez tituló en Estadio: ‘Con un poco más de peso…”  Escribió que necesitaba unos kilitos para fortalecer su juego en las salidas y en los encontrones del área chica. Que brincaba bien en los centros y era valiente para empinarse en esas pirámides que suelen provocar los tiros de esquina. Que había evitado muchos goles con sus salidas y estiradas instantáneas.

El partido inolvidable de Ojeda ocurrió por la Copa O’Higgins frente a Brasil, representado por Bahía, en septiembre de 1957. A los siete minutos, el seleccionador húngaro Ladislao Pakozdy le ordenó reemplazar al arquero titular René Quitral, lesionado al chocar la frente con un vertical en Ñuñoa. Fue una actuación consagratoria y Chile ganó 1-0, gol de René Meléndez.

“Tengo otro encuentro para el recuerdo: en 1959 le ganamos 1-0 a Universidad de Chile y le atajé dos penales a Leonel Sánchez. Uno en cada arco en el Estadio Nacional”. En el primero, el zurdo tiró suave; en el segundo, a matar, pero al cuerpo.

Participó en el plan de Fernando Riera para el Mundial 1962. El trabajo se inició en septiembre de 1958 con la selección Azul en La Serena y con la Blanca en Talca: Ojeda de titular ante Rangers. El descenso de Magallanes a segunda división en 1960 terminó con su sueño.

En diciembre de 1962 sufrió su noche triste al recibir nueve goles ante el Ballet Azul en el estadio Santa Laura (9-1). “El primer tanto fue de Ernesto Álvarez a los tres minutos y nació en una jugada viciada por una mano de Rubén Marcos. Fui a protestarle al árbitro Carlos Robles padre y él me contestó con groserías. Su reacción me afectó tanto que mi rendimiento se fue a pique. Después tuvimos dos expulsados. Al finalizar el partido lloré por única vez en una cancha de fútbol. El que me consoló fue Manuel Astorga, el arquero de la U”.

Durante 10 años, Ojeda fue funcionario de Investigaciones: “Fui detective primero, pero no era para mí”.

En noviembre de 1975, fundó la primera Escuela de Arqueros de Chile y de Latinoamérica. Partió en la Academia de Humanidades y rotó por distintas comunas de la región metropolitana durante 37 años, hasta 2012. “Cuando Roberto Rojas inició su carrera como preparador de arqueros, vino a verme y le facilité todos mis apuntes. El Cóndor es el mejor portero que vi”.