Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

El Loco Laino

Autor: Chomsky


Se formó en Argentinos Juniors, lo llevó Francisco Cornejo, quien más tarde descubrió a Diego Maradona; debutó por Atlanta (1970 a 1972); actuó en Rosario Central (1973 y 1974), el primer año dio la vuelta olímpica; jugó en Atlante, de México (1975); O’Higgins (1976 y 1977), la primera temporada subió; Audax Italiano (1978 a 1981), vicecampeón de la Copa Polla Gol 1981; Deportes Iquique (1982); Cobreloa (1983 y 1984) y Deportes La Serena (1984).

Miguel Ángel Laino Olini nació el 22 de junio de 1948 en Buenos Aires (cumplió 69 años), medía 1,78 metros y pesaba 76 kilos. Su pasado de arquero se revela en el meñique izquierdo y el índice derecho fracturados. Se nacionalizó chileno en 1981.

Cuando Rosario Central fue campeón en 1973, la revista El Gráfico hizo un perfil del plantel y allí se leía, “Laino, el rey del verso: de lo que habla, la mitad no lo crea; la otra mitad, póngalo en duda”. El Loco responde: “Fue un apodo del Oreja Luis Giribet. Yo contaba anécdotas y el zurdo me decía: ‘¡qué verso!’. Soy bueno para conversar, por ejemplo, ¿sabe cuántos arqueros argentinos vivimos en Chile? Diez: José María Buljubasich, Hernán Caputto, Gustavo Dalsasso, Laino, Waldemar Méndez, Daniel Montilla, Daniel Morón, Cristián Muñoz, Sergio Vargas y Nicolás Villamil. Y agregue a Roberto Abbondanzieri”.

¿Cómo llegó a O’Higgins? “Después de México, tuve ofertas de Ferro Carril Oeste y de Huracán, incluso jugué unos cinco amistosos por el Globo, y me trajo el Gato Rubén Magdalena. Acá he hecho mi vida y hace 35 años que no viajo a Argentina”.

Reforzó a Colo Colo en el hexagonal internacional de 1977. “Me pidió Ferenc Puskas. Jugamos contra el Santos, River Plate, la selección de Austria, Universidad de Chile y Everton. Colo Colo me quiso comprar, pero el presidente de O’Higgins, Patricio Mekis, me declaró intransferible”.

Jorge Aravena, de Universidad Católica, le anotó tres goles de tiro libre en un solo partido. “Los han pasado en el canal de televisión de Valparaíso… Fue en Santa Laura, yo por Cobreloa. Había caído una lluvia que iba a suspender el partido. De pronto, metieron un helicóptero para sacudir el agua. Nos faltaron los zagueros centrales titulares y en cada pelotazo al paraguayo Isasi nos cobraban falta. Los dos primeros goles fueron en el arco norte: en uno me lesioné la clavícula izquierda al hacer palanca; el otro fue al ángulo, y en el tercero el Mortero le pegó tres dedos. ¡Inatajables los tres!”.

¿Otro pateador como Jorge Aravena? “En México vi al Pata Bendita Osvaldo Castro marcarle un gol de tiro libre a Mateo Bravo, de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Bravo se agachó y dejó pasar la pelota, porque si no le arrancaba la cabeza…”.

¿Recuerda el 7-0 de Unión Española a O’Higgins, cinco goles de Jorge Peredo, dos de penal? “No. Sí me acuerdo del 7-0 de Cobreloa a Deportes Iquique, el mes anterior a la Fiesta de La Tirana”.

Después de un gol recibido en Deportes La Serena, se dio una vuelta de carnero de impotencia… “¡Fue para no matar a un compañero! Ocurrió en la cancha de Vulco, ante Magallanes. Pateó cruzado el Fino Toro, evité el gol, la pelota me pasó bajo el brazo, se iba afuera y Jaime Muñoz la pisó, le grité que la sacara, se demoró, vino el Chico Jáuregui, se tiró y convirtió”.

¿Un entrenador? “Tuve tres espectaculares: Armando Tobar, Jorge Toro, me tengo que poner de pie, y Néstor Isella. De los malos, el peor fue un payaso que un día instaló un ring en La Florida y pretendía que los arqueros de Audax Italiano saltáramos por entre las cuerdas y sobre ellas para atrapar la pelota”.

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