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El jugador indescifrable

La historia de Giannis Antetokounmpo parece sacada de un libreto hollywoodense. La estrella de los Bucks, eso sí, quiere escribir su propia película en la NBA.


Si uno realiza una encuesta entre los habituales aficionados de la NBA sobre quién es el mejor jugador de la liga, los nombres que más se repetirán seguramente serán los de Stephen Curry, Lebron James, Kevin Durant, James Harden o Russell Westbrook. Es cierto, los números que cada uno de ellos graba en cada partido de sus equipos los hace merecedores de cualquier elogio. Y quizás todos se quedan cortos a la hora de enumerar sus virtudes.

Pero fuera del radar de las megaestrellas existe un chico de 22 años dispuesto a reclamar a la brevedad su lugar en el Olimpo de la NBA. Un tipo con un juego tan indescifrable como su apellido. Porque Giannis Antetokounmpo, con sus 2,11 metros de estatura, es capaz de hacer de todo: pasar, rebotear, anotar, llevar el balón como si fuese un armador. Un repertorio que le sale natural, como si hubiese mamado básquetbol desde la cuna. Aunque según propia confesión recién conoció el deporte a los 13 años.

Ni siquiera el hecho de jugar en los Milwaukke Buck, una franquicia pequeña que no convive seguido con el éxito, le quita brillo a sus números. Los expertos no dudan en nombrarlo en el legítimo heredero de Lebron. Incluso se atreven a asegurar que no veían nada igual desde los tiempos de Magic Johnson Sin exagerar, aseguran técnicos y analistas, Antetokounmpo tiene el talento suficiente para competir por el puesto al jugador más determinante de la historia del básquetbol. “Con esa altura está haciendo cosas que nadie había hecho antes en el baloncesto”, dijo hace poco el coach de los Houston Rockets, Mike D’Antoni, dimensionando el valor de este alero.

Pero detrás de esta figura atrapante desde lo deportivo, existe una historia de carencia y de sobrevivencia que bien podría servir para un libreto cinemátográfico. Porque este joven nacido en Grecia y de padres nigerianos, vivió muchos años bajo el más absoluto desamparo, ganándose la vida en la calle vendiendo relojes y sintiéndose feliz por llevar diez dólares cada noche a su casa. Una cifra que parece ridícula después de ver el último contrato que firmó por los Bucks, que le valieron 100 millones de dólares.

Los padres de Giannis llegaron a Atenas en 1991, tres años antes de su nacimiento en Lagos, con el sueño de encontrar una mejor vida. Pero la realidad los golpeó de inmediato. Sin trabajo ni documentos, tuvieron que permanecer en la calle para sobrevivir. En ese contexto, sin más esperanzas que llegar con algo de dinero para la familia, Antetokounmpo empezó a utilizar el básquetbol como válvula de escape. A partir de ahí, comenzaría su meteórico ascenso en el deporte, que tuvo su premio el 30 de octubre de 2013, cuando debutó oficialmente en la NBA. Atrás quedaban los 15 años de indocumentado del Fenómeno Griego como lo apodan en la liga.

La vida ciertamente ha cambiado desde entonces. Este muchacho, que con apenas cuatro años en la franquicia está rompiendo las marcas de los Bucks, sigue construyendo su particular historia. Más cerca de las estrellas de la liga, como Curry o Lebron, que de los recuerdos de una infancia dura, en la que debió deambular por las calles de Atenas junto con su hermano vendiendo cualquier cosa para tratar de ayudar a sus padres a comprar comida, y así no acostarse con el estómago vacío.

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