Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

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El Flaco Larraín, de Magallanes

Autor: Chomsky


En junio pasado sufrió un accidente cardiovascular que lo mantuvo hospitalizado más de un mes. “Me queda una huella en la mejilla izquierda y me cuesta pronunciar algunas palabras”, dice Luis Alberto Larraín Cuevas en su hogar de Puente Alto. Nació el 28 de julio de 1936 en Santiago (cumplió 81 años): “Ésa es mi verdadera fecha de nacimiento; figuro como del 18 de junio debido a un error del funcionario del Registro Civil”. Medía 1,83 metros y pesaba 68 kilos. Siempre fue arquero, se inició en el fútbol de los barrios y llegó a Universidad de Chile en 1959. “Me recibió el entrenador Hernán Carrasco. El portero titular era René Pacheco y estaban Salvador Gálvez, Manuel Astorga y Luis Venzano”.

En 1962, pasó a Magallanes, los arqueros eran Mario Ojeda, Carlos Morales y Patricio Sasmay, y debutó en primera división ante Rangers en Talca por la última fecha del torneo de ese año, que comenzó después del Mundial y que finalizó en marzo de 1963. La siguiente oportunidad la tuvo en agosto de 1963 contra Colo Colo en el Estadio Nacional. “Me hallaba muy nervioso y dos buenos compañeros como Roberto Ampuero y el argentino Héctor Torres me tranquilizaron. Fue un partido nocturno y empatamos 2-2. Atajé mucho frente al equipo que ese año sería campeón y que tenía a Mario Moreno, Enrique Hormazábal, Luis Hernán Álvarez, Francisco Valdés y Bernardo Bello en la delantera”.

Después de ese partido, la revista Gol y Gol destacó al “juvenil Luis Larraín” y el Flaco ya había cumplido 27 años…

Luis Alberto Larraín, Flaco

Ese mismo mes, Larraín se constituyó en el primer arquero que le atajó un penal a Néstor Isella, de Universidad Católica. Años después lo imitarían sus colegas Luis Mendy, de Huachipato; Ricardo Pacheco, de Audax Italiano; el paraguayo Ernesto Irala, de Santiago Morning, y Adolfo Nef, de Universidad de Chile. “Isella era un especialista. Caminaba lentamente un par de pasos y le pegaba muy fuerte a una esquina. Fue en el estadio Independencia, de noche; tuve la intuición de arrojarme hacia mi derecha y me favoreció que la pelota iba a media altura. Sí, me adelanté un poco”, sonríe.

¿Cuál es su partido inolvidable? Tengo dos: ése con Colo Colo y un empate 0-0 ante Universidad de Chile, también en el Estadio Nacional. En el ataque actuaban Carlos Campos, Ernesto Álvarez, Rubén Marcos y Leonel Sánchez. Ese año el Ballet Azul dio la vuelta olímpica (junio de 1964)”.

En 1967, Larraín fue a Ñublense, de segunda división: “Me pidió el entrenador Caupolicán Peña. En Chillán de nuevo fuimos compañeros con el tucumano Héctor Torres, el de los goles de chilena y con quien terminamos de compadres: soy el padrino de su hija, Paola Margarita”. En Ñublense había llegado el argentino Héctor Walter Pedutto y empezaba Eduardo Cortázar.

Al año siguiente, regresó a Magallanes, club en el que terminó su carrera en 1969: “El otro arquero era Adison Aguilar”.

¿La mayor goleada que recibió? “Siete, contra Unión Española. Por eso me pusieron Siete machos. ¿Fue 8-1? (enero de 1966). Con mis compañeros Norberto Schiro y Torres habíamos reforzado a Unión Española en un cuadrangular internacional con Racing de Montevideo, Universidad de Chile y O’Higgins (julio de 1965)”.

Larraín fue funcionario de la Dirección de Pavimentación y es pensionado del Serviu (Servicios de Vivienda y Urbanización). Trabajó en las cadetes de Magallanes y Unión Española. “Después tuve un taxi durante ocho años. Me asaltaron cuatro veces y la última me encañonaron, así es que lo dejé”.

¿Qué arquero admiró? “Sergio Livingstone. Una tarde, tomé un pasajero y era el Sapo Livingstone. Él me miraba y me miraba, hasta que dijo: ‘El Flaco Larraín, de Magallanes”.

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