Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

El Chico Morales, de O’Higgins

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En un año pasó del fútbol de los barrios al profesional. Zurdo, fue puntero derecho en el Deportivo Olimpo, de Rancagua, y con quinto año de Comercial entró a la Braden Cooper Company, donde actuó por el Deportivo Molino, de Sewell. “Tenía 19 años y por gestiones de Patricio Mekis, presidente de O’Higgins, y de Estanislao León, vicepresidente, fui transferido al club sin dejar de ser funcionario de la empresa”, cuenta Luis Héctor Morales Ayala, quien nació el 25 de febrero de 1938 en Machalí (cumplió 79 años). Medía 1,65 metros y pesaba 65 kilos.

Instalado como wing izquierdo en 1958, el Chico destacó por su velocidad y por su despliegue: “Me llamaron el motorcito de O’Higgins (diario La Nación), porque el argentino Roberto Rodríguez jugaba parado en la línea media y me retrasaba para ayudarlo”. A Morales lo entusiasmaba jugar: “Por renovar contrato, el segundo año me dieron una motoneta italiana Vespa. El primer año había sido una bicicleta”.

En 1959 figuró entre los mejores cinco aleros izquierdos del torneo (revista Estadio) y en 1961 Las Últimas Noticias lo eligió en el escalafón de los entrealas derechos que encabezaban Jorge Toro y Roberto Coll. “Era muy parejo en mi rendimiento y sólo me preocupaba del juego colectivo. No me di cuenta de que en el gran equipo que armó O’Higgins en 1960, René Meléndez y Jaime Ramírez no se hablaban…”

Estuvo en la selección B de Fernando Riera, junto con Carlos Contreras y Eladio Rojas, titulares en el Mundial 1962. “No guardé ninguna fotografía del preliminar que jugué en el segundo partido Chile- España (julio de 1960)”.

El entorno del fútbol ha cambiado desde esa época: “Para ir a ver al traumatólogo, por una lesión en la rodilla izquierda que me provocó Braulio Musso, de la U, viajé a Santiago en un bus que me dejó frente a La Moneda. Desde ahí me fui a los saltos hasta la consulta en el Pasaje Phillips”.

También ha variado el lenguaje: “Antes no se hablaba de dribbling, sino de cachaña o de chatear” y enseña un recorte que titula que “Morales se chateó hasta a los fotógrafos” en un gol a Walter Behrends, de Rangers, en el estadio William Braden.

¿Otro gol? “La vez que dejé parado a Raúl Coloma, de Ferrobadminton, en Santa Laura. Él venía de la gira de la selección a Europa en 1960 y la jugada fue en dos trazos, un pase desde la derecha de Jaime Salamanca y en el otro lado empalmé una volea con la derecha. Julio Martínez dijo que había sido un gol a la europea”.

Increíblemente, no se acuerda del gol de paloma a Juan Olivares, de Santiago Wanderers, en Rancagua, ni tiene un partido inolvidable. “Recuerdo algunos jugadas. Sabía poner el pie y en Santiago les gané pelotas divididas a zagueros grandotes como Arturo Farías, de Colo Colo, y Mario Torres, de Audax Italiano”.

¿Un adversario? “Luis Eyzaguirre. Era leal y muy veloz. En cambio daba miedo enfrentar a la defensa de Ferrobadminton: Wilson Manterola, Carlos Carmona y el Flaco Huerta eran muy firmes”.

¿Una decepción? “Después de ser campeón de Ascenso en 1964, fuimos a Mendoza en luna de miel con mi esposa, Sonia Muzzi, y allá nos encontramos con el entrenador de O’Higgins, el argentino José Pérez. Nos invitó a cenar y me dijo que yo seguía en el equipo. Al regresar, me dejó afuera. Tuve oportunidades en Universidad Católica y Audax Italiano, pero privilegié mi trabajo en Rancagua, me retiré del fútbol y en 1995 jubilé en Codelco”.

¿Una anécdota? “Con mi señora caminamos tomados de la mano y un par de veces nos han felicitado por conservar ese gesto romántico. Resulta que lo hacemos para afirmarnos y no utilizar bastones” (ríe)

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