Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

El Cabezón Desiderio


Tuve la suerte de ver su primer entrenamiento en O’Higgins, de Rancagua. Anotó un golazo en el arco sur del estadio El Teniente luego de eludir a dos adversarios y dejar desparramado al arquero suplente, Raúl Ramos. En el entretiempo, los jugadores permanecieron en la cancha, pero él desapareció por el túnel norte. El técnico argentino José Pérez había ordenado que fuese a firmar contrato a la sede del club, en la calle Brasil.

Mario Óscar Desiderio González nació el 1 de febrero de 1938 en La Plata, Argentina (cumplió 79 años). Medía 1,69 metros y pesaba 70 kilos. Se inició en Estudiantes de La Plata (1959), en Italia jugó en el Catania (1960-1961 y 1961-1962) y la Roma (1962-1963). En O’Higgins estuvo tres temporadas, 1964 a 1966, y en la primera fue campeón de Ascenso. Fue a Colombia y con el Deportivo Cali ganó los títulos 1967, 1969 y 1970. Prosiguió en Oro y Negro de Barrancabermeja (1971) y abandonó en Unión Magdalena de Santa Marta (1973).

La carrera de Desiderio estuvo siempre acompañaba por la comparación con el astro argentino Enrique Omar Sívori, semejante en el estilo, la picardía de barrio, la cabeza grande, el pelo despeinado, la estatura, el peso, la camiseta afuera del pantalón y las medias caídas… La excepción: Sívori era zurdo.

Sívori, quien era dos años y medio mayor, enloqueció a los peruanos con los carasucias en el Sudamericano de Lima 1957. Cuando se jugó el Preolímpico de 1959, también en Lima, Desiderio brilló y quedó como el segundo Sívori y así fue reconocido en Italia cuando actuó en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.

Desiderio me alegraría la infancia con su técnica, habilidad, goles y espectáculo. Cuando él tomaba la pelota, uno se preguntaba qué iba a hacer, en otras ocasiones ya sabía: va a meter un túnel, va a llevar al rival a la orilla y le hará un sombrero, va a cachetearle la pelota por un costado… Era un centrodelantero que se retrasaba y organizaba, hacía goles de calidad, de cabeza, de tiros libres. Acaso tenía un solo defecto: no era veloz. Por eso si usted lee en internet que lo bautizaron Tranvía por la rapidez, no lo crea. El diario el Corriere della Sera lo llamó así porque estaba de moda la película Un tranvía llamado deseo, y en italiano deseo se dice desiderio.

¿Por qué en la revista Guerin Sportivo su apellido materno aparece como Camusso? “Fue idea de mi representante, Félix Latrónico, para fichar como oriundo de sangre italiana”.

Pasó del Calcio a la segunda división en Rancagua. “La Roma me quiso comprar, pero Estudiantes de La Plata pidió 10 millones por mi pase, lo mismo que había costado Sívori. Estudiantes de La Plata me prometió una casa y no me cumplió, entonces surgió la oferta de O’Higgins”.

Desiderio conserva las heridas de guerra del campeonato de Ascenso que conquistó con O’Higgins: “Esta cicatriz en la pierna derecha se llama Colchagua. La de la rodilla derecha, Trasandino, la de la ceja derecha, Iberia…”.

Los hinchas mayores de O’Higgins no olvidan la vez que dribleó con la cabeza a varios jugadores de Palestino en Ñuñoa. “Ocurrió frente a la tribuna oficial del Estadio Nacional y la tarde estaba muy fría. Conté como 19 toques al balón y pensaba: alguno vendrá a quitarme la pelota, pero no venían y yo avanzaba…. Me ayudó la cabeza (sonríe)”.

Una anécdota. “Cuando llegué a Roma, vivía en un hotel a nueve cuadras del Vaticano. Yo era ignorante, sólo cumplí la cuarta primaria. Un día vi a un tipo de blanco en una ventana y la gente lo saludaba. ¡Cuánta hinchada!, ¿y éste a quién le habrá ganado?, pregunté. Era el Papa Juan XXIII”.

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