Cuando las olas le ganan al fútbol

Natalia Escobar es una de las surfistas chilenas más talentosas de la actualidad. Sin embargo, hace un par de años despuntaba como una interesante defensa central de Palestino.


Con apenas 18 años, Natalia Escobar es una de las pocas deportistas nacionales que ha incursionado con éxito en dos disciplinas distintas. Hace dos años asomaba como una interesante promesa en el fútbol; hoy, deslumbra como surfista.

“Jugué en Palestino, lo hacía como central”, parte señalando la deportista, desde Punta de Lobos, donde lideró la primera jornada del Pichilemu Women’s Pro (ver recuadro), certamen del circuito mundial de surf.

“Mi experiencia allá en Palestino fue súper buena y no la cambiaría, porque eso fue lo que hizo que yo creciera como deportista”, explica, para luego agregar: “Desde que tengo memoria que me gusta el fútbol, porque mi mamá siempre lo ha jugado y ella quería que yo fuera futbolista y no surfista”, relata.

Sus inicios no fueron en la última línea, sino que en la otra área de la cancha. “Yo partí jugando adelante, pero después me fui de central, porque le pego fuerte a la pelota. Además, podía subir y bajar”, explica sobre sus años en el cuadro árabe, donde a pesar de su corta edad ya jugaba en el primer equipo. “Jugaba con adultas y yo tenía 15 años”, recuerda.

Sin embargo, el fútbol demandaba enormes esfuerzos, pues debía trasladarse desde su natal Pichilemu a Santiago. “Los partidos se jugaban los fines de semana, pero había que entrenar todos los días en las tardes. Entonces, viajaba y me devolvía en la misma noche. Era muy exigente y había veces que terminaba muy cansada”, expresa.

Sus condiciones la llevaron a probarse para integrar la selección Sub 17 y la adulta. Y quedó. Sin embargo, ahí su vida deportiva comenzaría a tomar un giro. “Ahí tuve un gran problema: para quedar en la Sub 17 o adulta, había que entrenar todos los días y estudiar allá en la misma academia que tenían en ellos y eso me complicaba mucho. Además, justo me empezó a ir bien surfeando”, plantea.

Una de las causas de deserción en las futbolistas tiene relación con las condiciones que los clubes ofrecen, lo que, en la mayoría de los casos, les impide vivir de esta actividad. “A mí me ofrecían pagarme un sueldo, pero era muy mínimo en comparación con otras cosas. En todo caso, en lo general, el deporte femenino está muy amateur. No sé si es por discriminación, pero nosotras estamos menos desarrolladas que un hombre para la actividad física”.

En uno de los largos recesos que suele tener la temporada futbolística femenina, Natalia profundizó sus vínculos con el surf, una disciplina de la que sólo era una aficionada. “Mi hermano me enseñó. Él surfea y es instructor. Me quedó gustando y no pude parar”, reconoce.

Su incursión fue tan buena, que incluso a ella misma la sorprendió. “Al principio pensé que no me iba a ir bien, porque era muy amateur, pero agarré un poco de confianza. Y espero que ahora me siga yendo bien. En 2014 competí en mi primer Nacional y fui primera en junior. Al año siguiente volví a ser campeona y en 2016 fui segunda. Este año ya soy campeona junior y puedo ganar en adulto, algo que nunca ha pasado”, comenta con entusiasmo.

A pesar de ese éxito, el amor por el fútbol no se olvida ni el talento tampoco. Siempre hay cómo volver a jugar, pero las olas son mucho más rentables. “Antes de irme al Mundial de Japón, estuve jugando por Cobresal y ellos tenían una gira a Argentina, pero no pude ir porque coincidían las fechas. Igual yo he dicho que sí a jugar algunos partidos. Pero cien por ciento comprometida, no”, confiesa.

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