Coquimbo saca sudor y sonrisas

Un desafiante circuito y creciente público, las positivas reacciones de los triatletas.


A diferencia del ya tradicional Ironman 70.3 de Pucón, donde una multitud se agolpa desde muy temprano en la orilla de las aguas, la acogida al certamen en Coquimbo fue más tímida. Pero, de a poco, el público se hizo más participativo alrededor de una competencia que se mostró a la vez desafiante y acogedora para los triatletas en su primera edición.

El argentino Óscar Galíndez (46), ganador histórico de Pucón con seis conquistas, llegó a la meta en segundo lugar y notoriamente agotado. “La natación tiene uno de los recorridos más fríos del circuito y el trote tuvo dos kilómetros más. Eso es un 10% más y es importante”, destacó el transandino.

Por su parte, la ganadora femenina, Luíza Cravo, destacó: “La competencia fue perfecta. El ciclismo estaba muy difícil porque había muchas subidas y el trote también fue duro. No tengo nada malo que decir y espero estar aquí nuevamente en el próximo año”.

Y a pesar de la timidez inicial, y una acogida que no se compara a la masividad de Pucón, la atención del público a los más de 500 inscritos suscitó comentarios positivos. “Toma tiempo para que una carrera agarre vuelo en un lugar”, manifestó el estadounidense Jarrod Shoemaker antes de la cita. En la mañana, el público se limitaba casi totalmente a familiares y amigos, pero bajo el fuerte sol en la meta había decenas de citadinos que se agolparon a ver el evento.

“Uno habría pensado que al otro lado de la Panamericana los conductores estarían enojados, pero de repente nos gritaban arengas. En la primera vuelta del trote había poquita gente, más tímida, pero después habían mucho más. creo que muchos se toparon con el evento y les gustó”, describió Tastets tras la cita, que aún tiene tiempo para crecer y volverse, algún día, un evento del porte de la cita en Pucón.

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