El Deportivo

Armando Tobar y su lucha

Siempre fue un hombre de fútbol Armando Segundo Tobar Vargas. Nació el 7 de junio de 1938 en Viña del Mar, jugó en Cruz Verde del barrio Santa Inés, estuvo en las infantiles de Everton y, luego de un breve paso por la fábrica de caramelos Ambrosoli, fichó de delantero en Santiago Wanderers a los 16 años. En 1956 integró una fugaz selección nacional B, de Luis Álamos, formando el terceto central con Juvenal Soto y Carlos Verdejo. Con los verdes de Valparaíso dio la vuelta olímpica de 1958 y conquistó las Copas Chile 1959 y 1961.

Defendió a la selección chilena en el Sudamericano de Buenos Aires 1959, en la gira a Europa 1960, en las Copas del Mundo 1962 e Inglaterra 1966 y en el Sudamericano de Montevideo 1967.   Fue tesorero de la Unión de Jugadores Profesionales de Fútbol que presidió Caupolicán Peña, en 1960, junto con Sergio Navarro, René Meléndez, Sergio Goity, Mario Moreno y Leonel Sánchez.

En enero de 1962, fue adquirido por Universidad Católica y fue campeón en 1966. En 1968, en el partido de definición con Universidad de Chile para ir a la Copa Libertadores, el renunciado técnico Fernando Riera lo dejó a cargo del equipo. Esa instancia de jugador-entrenador la había inaugurado Alejandro Scopelli y prolongado Francisco Molina.

En 1974 hizo el curso de entrenadores y se tituló con sus compañeros mundialistas Jorge Toro, Jaime Ramírez, Manuel Rodríguez y Braulio Musso. En la banca, sus mejores campañas fueron en O’Higgins 1976, que subió a Primera División con el campeón Ñublense, y en Everton 1985, vicecampeón de Cobreloa, dirigido por Jorge Toro.

En Santiago Wanderers, con 1,75 metros y 68 kilos, era el típico centrodelantero: goleador, buen cabeceador y guerrero. En Universidad Católica se hizo más jugador de toque, sobre todo en la sociedad con Julio Gallardo.

Acaso la adaptabilidad haya sido una de las virtudes de Tobar. En 1959 dijo: “Ahora hasta soy capaz de hacer pases con efecto, como vi hacer a Didí en Buenos Aires”. En la Selección, con Riera, Francisco Hormazábal, Álamos y Scopelli, disputó unos 40 partidos y sólo anotó cuatro goles. El primero, de palomita, a San Lorenzo de Almagro en el Estadio Nacional (3-1, en 1959). También en Ñuñoa le convirtió a Gales (2-0, en 1966). Los otros dos no los vimos, porque se produjeron en Europa: a Suiza (derrota por 4-2 en 1960) y a la República Democrática Alemana (caída por 5-2 en 1966). En Primera División, superó los 130 tantos.

Sus choques más duros fueron con el Ballet Azul de Universidad de Chile. En Playa Ancha (1960), en un brinco, Carlos Contreras le aplicó un codazo; desde el suelo Tobar repelió con un puntapié que dio en la cabeza del Pluto, quien fue llevado a la posta: “Me cosieron siete puntos, yo apuraba al médico, y volví a la cancha buscando a Tobar, pero lo habían expulsado…”. Tobar: “Me suspendieron por cuatro fechas, una tragedia… Después fuimos compañeros en la selección”.

Consultado por su partido inolvidable, Tobar eligió uno en La Portada (noviembre de 1958): “Deportes La Serena nos acorraló en nuestro campo, el desarrollo del encuentro era desesperante para Santiago Wanderers cuando el arquero Luis Gardella me pasó el balón sacando con la mano, imprimí rapidez y crucé la mitad de la cancha agarrando una velocidad impresionante con la pelota pegada al pie. Empecé a dejar gente atrás, yo mismo no me di cuenta, salió al arquero Pancho Fernández, lo eludí y anoté el gol que sería de la victoria. En la celebración, corrí detrás del arco y pasé entre algunos carabineros. Al día siguiente, en los diarios locales publicaron que yo había dribleado hasta a los carabineros…”

Desde hace 12 años, Armando Tobar lucha contra el Alzheimer.