Leonardo Véliz

Leonardo Véliz

Ex futbolista y entrenador. Panelista habitual de El Deportivo.

El Deportivo

Arde la Roja


Chile quiso ser intenso y le encajaron tres goles, quiso tener la pelota y no se la prestaron. Pizzi tenía una sola bala y su revólver no disparó. En la infausta noche de Sao Paulo, el vestuario de Chile destilaba lágrimas y la congoja ardía en los corazones de esta generación.

Esos corazones palpitaban de rabia ante la cruda realidad, una realidad pocas veces vista en esos rostros pálidos y habituados al arco iris del éxito. Si un camarín es un pequeño laboratorio social, ése fue un cruzar de miradas acusadoras y otras cómplices de aciertos y desencuentros. La sensatez del momento no daba para recriminaciones. La farra estaba consumada. Y bastaron sólo dos copas para semejante borrachera. Fiesta que fue su caballo de batalla. Donde jugaron, algunos insensatos dejaron su pisada con soberbia -y no confundir con personalidad- y falta de humildad.

Vamos al grano. La selección se transformó en un club… de unos pocos. Los jugadores imponían reglas y los dirigentes asentían, El entrenador hacía lo que podía mientras la hinchada idolatraba. Hasta que el éxito no se pudo administrar como correspondía. Los egos y el oro como metal precioso desviaron a los jugadores en su condición humana. Y estos no tuvieron la suficiente sabiduría para no desviarse del camino.

Una dama con información confidencial abre el debate: “Mientras unos se pelaban el culo, otros se emborrachaban”. Palabras que estaban en labios sin rouge de muchos medios de comunicación, pero que se callaban por el rating de la popularidad. Todo se sabía y se aceptaba. Señal propia de nuestra decadente sociedad. Qué curioso, los males se habrían terminado si se hubiera ganado a Paraguay. Pero todos sabíamos que el desastre venía desbocado.

Para los que quieren volver a vestir la roja, una petición; queremos guerreros y no farreros; comprometidos y no disipados.

Responsables hay muchos. Debemos recuperar la normalidad. ¿Cómo? Recuperar valores olvidados, los de la génesis del proceso. Pero no una normalidad construida sobre la comodidad. Sino trabajar más, mejor y con más rigor.

Seguir leyendo