El Deportivo

El año del adiós de una leyenda

Milovan Petar Mirosevic Albornoz, el Milo. Seis fueron los clubes que defendió durante 20 años de carrera que en 2017 llegaron a su fin. Las lesiones, a pesar de la lucha que dio, pudieron más y tras un último periodo amargo en la UC, el equipo que lo vio nacer y del que es hincha, el ahora exjugador dijo adiós a una actividad en la que ganó más de lo que perdió y en la que dejó una huella, sobre todo en los contrafuertes precordilleranos. Allí se transformó en leyenda.

Junto al elenco franjeado ganó cinco títulos (y otro más de liga en el Beitar Jerusalén de Israel). Es uno de los últimos ídolos del equipo de San Carlos no sólo por lo hecho en la cancha. También fuera de ella. Compañeros y rivales coinciden en que el volante es un señor del fútbol, de esos que traspasan generaciones y escudos, y por eso el deseo del equipo al que capitaneó con éxito y orgullo, de mantenerlo ligado al club. En lo que él quiera, porque así sienten que se lo ganó tras haber vuelto una y otra vez, en tres ocasiones, a defender al cuadro universitario.

Este año quedará marcado como el del retiro de Mirosevic, un futbolista que ya tiene el título de DT y que en su extensa carrera, además de Chile (donde también fichó por Unión) e Israel, jugó en Racing y Argentinos Juniors de Argentina, Columbus Crew de Estados Unidos y la Selección chilena, teniendo como gran logro el bronce olímpico en Sídney 2000. También se dio el gusto de marcarle a Argentina en el mismísimo Monumental de River Plate.

Hitos como ésos están reservados para unos pocos grandes, como Milovan. Su espacio no será fácil de llenar.