Archivo de Chomsky

Un espacio para recordar a las grandes figuras del fútbol chileno que engalanaron las canchas de nuestro país.

Chomsky

El Deportivo

Adiós al Palo Cavalleri


Fue un volante zurdo, con el 10 en la espalda, que pisaba la pelota, hacía un túnel, metía el pelotazo… Fernando Óscar Cavalleri Guerrero nació el 8 de septiembre de 1949 en Rosario y falleció el 3 de octubre de 2017 en Santiago (tenía 68 años). Medía 1,74 metros y pesaba 66 kilos. Se había nacionalizado chileno hacía 37 años.

Debutó en primera división en Gimnasia y Esgrima de La Plata, Argentina (1969) y actuó en Antofagasta Portuario (1971 y 1973), Jorge Wilstermann, de Cochabamba (1972), Stormers, de Sucre (1972), Unión San Felipe (1974), Deportes Concepción (1975, 1978 a 1980, 1982 y 1983), Palestino (1976), Universidad Católica (1977), Everton (1981) y Lota Schwager (1984).

Como técnico dirigió a Atlético Paraná (Argentina), Provincial Osorno (1987 y 1988), Deportes Concepción (1989 y 1990, 1993 a 1996, 2001, 2007 y 2009), Cobreloa (1991), Palestino (1992), Italchacao, de Venezuela (1998-1999), Coquimbo Unido (2000), Deportes Puerto Montt (2003-2007) y Rangers (2010).

En 1971, Jorge Spedaletti, su compañero en el Morning Star rosarino y en Gimnasia y Esgrima de La Plata, lo recomendó en Universidad de Chile. El Palo Cavalleri viajó a Santiago, pero no pudo incorporarse a los azules porque la cuota de extranjeros la copaba el paraguayo Eladio Zárate. Entonces, fue citado a Cienfuegos 41, la sede de Colo Colo. Allí, mientras aguardaba que lo atendieran, Chamaco Valdés lo convenció de irse juntos a Antofagasta Portuario.

La primera vez que lo vimos con el joven Igor Ochoa en el estadio Santa Laura, una tarde de mucho sol, nos percatamos no sólo de la habilidad de Cavalleri, sino de su astucia para jugar exclusivamente en las zonas en que había sombra…

Palestino adquirió su pase antes de contratar al entrenador Caupolicán Peña, entonces lo cedió a préstamo a Unión San Felipe en parte de pago por Óscar Fabbiani. Cuando retornó en la Copa Libertadores 1976, ingresaba en los segundos tiempos en un mediocampo que reunía a Guido Coppa, Sergio Ramírez, Sergio Messen y Nelson Vásquez. Cavalleri jugaba muy bien y le pregunté a Peña por qué no era titular: “Me gusta saber que en la banca cuento con una solución”, dijo.

La carrera de Cavalleri tuvo altos y bajos, descendió con Unión San Felipe y Everton (junto con Fabbiani y Spedaletti en Viña del Mar). En Deportes Concepción 1975 fue vicecampeón, hizo una gran campaña en 1980 (con Spedaletti) y campeón de segunda división en 1994. En la banca dio la vuelta olímpica con el Italchacao venezolano y salvó del descenso a varios clubes, entre ellos Coquimbo Unido, Deportes Puerto Montt y Rangers. Fue ayudante de Nelson Acosta en 1993 y de César Vaccia en la selección sub 20 de 2003.

Los técnicos suelen reflejar en sus equipos las características que ellos tuvieron como jugadores. El arquero Daniel Morón fue dirigido por Óscar Malbernat y por Cavalleri y me comentó que parecía que cada uno había asistido únicamente a las clases de defensa y el otro a las de ataque en el Curso de Entrenador. El Cacho Malbernat fue un lateral que marcaba muy bien en el Estudiantes de La Plata campeón de la Copa Libertadores y de la Intercontinental, y el Palo Cavalleri, un zurdo de juego alegre y ofensivo: mientras uno pensaba en el arco propio, el otro lo hacía en el de enfrente.

Siempre con un cigarrillo, fue un gran charlador de fútbol y sus pupilos argentinos lo bautizaron Petete, en alusión al pingüino sabelotodo de El libro gordo de Petete.

En la Copa América Paraguay 1999, abandoné mi asiento en el entretiempo del partido Chile- México, y mis vecinos Juan Cristóbal Guarello, Fernando Cavalleri y su hermano Fabio no permitieron que un señor robusto y moreno se sentara en mi lugar. Con gentileza, insistió y dijo que en cuanto apareciera el dueño, desocuparía el puesto. El desconocido resultó ser Hélio Cardoso Derenne, superintendente del Ministerio de Justicia, encargado de la seguridad de Brasil, con 150 hombres bajo su mando, incluyendo helicópteros, vehículos, motocicletas y perros policiales. De haberlo querido, Cardoso movía un dedo y desalojaba a Cavalleri y compañía.

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