Felipe Bianchi

Felipe Bianchi

Periodista, comentarista deportivo de radio y televisión, y presentador de televisión chileno. El año 2006 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El Deportivo

A veces pasa


Pucha que son malos para disculparse, algunos. Digo: si pasaron un año asegurando cosas que no eran ciertas y por ende terminaron chocando de frente con la realidad, al finalizar la historia, al momento de resumir las cosas, cuando pasan de curso los que entendieron la materia y repiten los que dieron bote, es mejor morir en la rueda no más. Asumir.

Si se cayeron diciendo que el técnico de Colo Colo vendía humo, si dijeron que los albos eran una fuerza ofensiva carente de variantes, dependiente única y exclusivamente de Paredes, si anunciaron que Valdivia sería un fracaso porque no le daría el físico, si al mirar los cambios tácticos ejecutados por el equipo de Guede les pareció que eran “defensivos” en vez de movimientos obvios en busca de sorpresa y equilibrio, si creyeron ver que el equipo había inclumplido sus promesas iniciales entregando el protagonismo… en vez de notar lo que en realidad pasó (sólo empezaron a recuperar la pelota unos pocos metros más atrás), se equivocaron pues, la cagaron, no le achuntaron, pifiaron feo. No supieron leer lo que se estaba construyendo ante sus propios ojos. Los nubló el desconocimiento o la rabia. Pero algo los nubló.

No es tan dramático. Pasa. Pasó esta vez. En algunos casos una vez más, de nuevo, porque es la quinta o sexta en menos de una década. Pasó con Bielsa y Sampaoli, cuando muchos no notaron (ni notan hasta el día de hoy) la revolución que se estaba construyendo. Pasó con Borghi y Pizzi, cuando no pisparon que algo estaba funcionando mal, que algo estaba cambiando para peor en medio de los nuevos métodos de trabajo anti obsesión. Pasó también con Jadue, cuando miraron para el lado por complicidad o cobardía y entregaron premios y sonrisitas a quienes en rigor había que ayudar a meter presos.

A todos nos ha pasado alguna vez. Elegir mal la vereda, leer mal la realidad, no entender las señales. Muchachos (meto en esto a analistas y también a hinchas): apostaron y perdieron. Y no es tan grave, puede pasar. No se sientan denigrados. Nadie tiene la obligación de adelantarse a los hechos o ver mejor que el resto en medio de la bruma. Pero cuando eso pasa, cuando se patina con fiereza, hay que reconocerlo. Tener la hidalguía, el señorío, la distinción, la integridad, la hombría y la decencia de asumir, y no salir jugando a la mala, a lo pillo, a lo bacán, por otro lado. Se ve feo, tras el condoro, elaborar teorías a futuro (”ya, pero afuera sí que les va a ir mal”) o insistir en un escenario falso (”ya, pero el campeonato es muy malo y aquí gana cualquiera”) o derechamente mala clase (”ya, pero con ese manso plantel debieron ganar cinco fechas antes”). No es elegante, no es correcto, no es bonito. Aunque al final algo de eso pase. No es el momento, por último, cuando el enemigo está celebrando en tu cara. En pleno paseo.

Mejor es asumir. Y nunca, pero re nunca, como ha hecho un par, tratan de seguir engañando a la gente diciendo que, en realidad, Guede fue cambiando su apuesta gracias a las críticas de ellos mismos. Eso ya supera lo gracioso. Es más bien patético. “¿Cuál es tu principal defecto? Que soy muy bueno”. Muchachos, se equivocaron. La embarraron. Dijeron que iba a pasar A y pasó B. No es sano seguir disfrazando la realidad. Si me permiten el consejo: sería bueno, alguna vez, reconocerlo. Se duerme bien cuando eso pasa. No van a ser menos por ello. Lo que corresponde aquí, más aún cuando ya termina el año y todos somos más cariñosos que nunca, es dejar de elaborar excusas y felicitar al que les ganó. Disculparse. Porque vaya que les ganó. Con creces. Con escándalo. Que sirva de experiencia. Mándenle una tarjetita a Guede más que sea. O un whatsapp. Capaz que los perdone.

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